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Primera Plana.-“Donde nace Dios, nace la esperanza. Donde nace Dios, nace la paz”: fueron palabras de el Papa Francisco en el Mensaje Natalicio 2015, ante miles de fieles reunidos en la plaza de San Pedro el día del nacimiento del Señor. ¡Feliz Navidad!, deseó el Pontífice a los presentes y al mundo entero desde el balcón central de la Basílica de San Pedro, “Cristo ha nacido para nosotros, exultemos en el día de nuestra salvación”.

El Papa recordó que el día del nacimiento del Salvador, el pesebre nos muestra la señal que Dios nos ha dado «un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre» (Lc 2,12). Y que también nosotros, como los pastores de Belén vamos a ver esta señal que se renueva cada año “en la Iglesia, en la familia, en cada parroquia”.

“Sólo Él nos puede salvar. Sólo la misericordia de Dios puede liberar a la humanidad de tantas formas de mal, a veces monstruosas, que el egoísmo genera en ella” subrayó el Pontífice.

“Donde nace Dios, nace la esperanza. Donde nace Dios, nace la paz. Y donde nace la paz, no hay lugar para el odio ni para la guerra” afirmó el Papa e indicando que precisamente “allí donde el Hijo de Dios vino al mundo, continúan las tensiones y las violencias y la paz queda como un don que se debe pedir y construir”, expresó su deseo de que israelíes y palestinos puedan retomar el diálogo directo y convivir en armonía.

Francisco recordó asimismo el conflicto en Siria e invitó a pedir para que el acuerdo alcanzado en el seno de las Naciones Unidas logre cuanto antes acallar el fragor de las armas en esta tierra, así como definió urgente que el acuerdo sobre Libia encuentre el apoyo de todos, para que se superen las violencias que afligen al país.

Apremiante el llamamiento del Obispo de Roma para “que toda la Comunidad internacional ponga su atención de manera unánime en que cesen las atrocidades que, tanto en estos países como también en Irak, Yemen y en el África subsahariana, causan todavía numerosas víctimas”.

En el pensamiento y las palabras del Papa también cuantos han sido golpeados por los atroces actos terroristas en Egipto, en Beirut, París, Bamako y Túnez; las queridas poblaciones de la República Democrática del Congo, de Burundi y del Sudán del Sur; de Ucrania, sin olvidar los esfuerzos del pueblo colombiano en la búsqueda de “la anhelada paz”.

“Donde nace Dios, nace la esperanza y donde nace la esperanza, las personas encuentran la dignidad”. Sin embargo – señaló Francisco – todavía hoy muchos hombres y mujeres están privados de su dignidad humana, como “los niños soldado, las mujeres que padecen violencia, las víctimas de la trata de personas y del narcotráfico”.

El Papa recordó asimismo a cuantos huyen de la miseria y de la guerra, viajando en condiciones muchas veces inhumanas y dirigió un pensamiento especial a quienes trabajan con generosidad para socorrer y acoger a los numerosos emigrantes y refugiados.

Esperanza pidió el Pontífice para quienes no tienen trabajo y llamó a quienes tienen responsabilidad públicas para que se empeñen en buscar el bien común.

“Donde nace Dios, florece la misericordia. Éste es el don más precioso que Dios nos da, particularmente en este año jubilar, en el que estamos llamados a descubrir la ternura que nuestro Padre celestial tiene con cada uno de nosotros, aseguró finalmente Francisco. Y pidió para “que el Señor conceda, especialmente a los presos, la experiencia de su amor misericordioso”.

Al concluir sus palabras, el Papa invitó a fijar la mirada en los brazos de Jesús “que nos muestra el abrazo misericordioso de Dios”. RV

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