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Me impresionaron sus manos suaves y la espontaneidad de Carlos

Por Luis Alfredo Collado.-El pasado jueves tuve el honor de ser invitado a un agasajo que le ofreció a los periodistas el honorable cónsul Eduardo Selman. Llegué junto con Bolívar Balcácer. Cuando nos dirigíamos al despacho de prensa encontramos a Adalberto Domínguez, el director de ese departamento. Hablamos por unos minutos y luego me aparté mientras él seguía con Bolívar.

Entre vueltas y “saludaderas” me enteré que a Selman le habían contado que Primera Plana, medio del que soy parte, tenía una actitud contraria a su gobierno porque estábamos publicando cosas que no eran de su agrado. Tales, como una revuelta de mujeres que aspiraban una diputación y luego denunciaron irregularidades en el resultado de una encuesta, y dijeron que si había otra consulta no querían ver ni en pintura a Carlos Félix ni al cónsul.

Esa alerta me puso a la defensiva con cierta dosis de hostilidad. Pasaron unos minutos y luego nos llamaron a pasar al antedespacho. Allí charlamos un poco, pero seguía dándole vueltas al asunto de Primera Plana.

Después se escuchó una voz: “ya pueden pasar”, y entramos uno a uno. Por esa puerta pasamos blogueros, camarógrafos, comunicadores y periodistas. Dentro estaba Eduardo, hicimos una fila para saludarlo. Cuando me tocó estrechar su mano la sentí suave y tierna, parecía de seda, pura como un armiño. Por un instante me desbordó la emoción de saludar a un hombre del gobierno que es influyente en la política y en la sociedad dominicana. Me lo encontré así de grandioso porque que a los periodistas de medios pequeños la gente importante casi nunca nos da la mano.

En ese breve cara a cara, se encontraba Adalberto a su lado, me presentó y cuando escuchó mi nombre dijo. “A él fue que le enviamos la información”: Sí señor, le respondí. Selman se refería a una solicitud que le hice a la cancillería para un trabajo que inicialmente no pude hacer como lo había planificado por los escollos que me atravesaron para conseguir algunos datos.

Adalberto, titubeó para mencionar el nombre de Primera Plana, y los compañeros que lo trabajamos, no le ayudé porque ya iba un tanto contaminado con la alerta anterior y preferí asentir con la cabeza antes de que un disparo de cinismo me hiciera perder la compostura ante la presencia de la máxima autoridad consular.

Ya que todos habíamos saludado al cónsul, Adalberto le hizo una breve presentación y el diplomático se expresó de la mejor forma dando la bienvenida a los del “cuarto poder” e invitándolos a disfrutar la ocasión. Dijo que no era momento de trabajar sino para compartir, pero algunos al parecer no escucharon y empezaron a hacerle preguntas y él gustosamente le respondía.

Entre los que lo abordaron estaba Carlos de la Vega, un feroz adversario del ejecutivo hasta hace poco. En su programa y en privado le había prodigado cosas muy feas. La presencia de Carlos sorprendió a muchos de los asistentes, pero además de su participación en el agasajo, también llamaron la atención sus expresiones de afecto hacia el cónsul y la forma que el anfitrión las aceptaba. Voces cruzadas se escuchaban murmurar: “Estos no tienen vergüenza, parece que el cubano le retorció el brazo a Selman y seguro que ya le volvió a dar lo que le quitó.

La voz más alta que se escuchó fue la de Levis Herman, cuando dijo en una mezcla de español con creole. “Ashi shi”.

Luego llegó el momento de brindar, los que estaban tomando levantaron pequeñas copas de plástico con vino y dijeron: ¡Salud!

Más tarde se hizo la foto del encuentro y fue un segmento para el figureo con el cónsul. Había una mesa llena de regalos líquidos y electrónicos. Muchos la observaban con ganas de llegarle, igual como un gato mira la carne cuando está enganchada en el garabato.

Para calmar las ansias apareció Adalberto con una bolsita azul, dentro de la cual había unos papelitos con los nombres de los regalos. Me dijo; Luis Alfredo, ven saca el tuyo. Con un movimiento de cabeza le indiqué  que no participaría del sorteo. A mi lado estaba un señor empleado del consulado y me dijo de forma casi discreta: “Por favor vaya y tome uno que esto es para ustedes”. Así lo hice para no “desagradar”. Fui, metí la mano y saqué uno que decía “cargador” pero no lo procuré.

Cuando ya todos tenían sus regalos llegó la hora de comer. Había quipes, pastelitos y otro antojito que no sé cómo se llama. Eran de la cosecha de “Bolivita”, un chef ambulante que le suple picadera a domicilio a muchos encuentros sociales del ambiente dominicano.

A fin de cuentas el agasajo decembrino fue muy divertido, Yo lo disfruté y le agradecí la invitación.

Detalles en el video

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