Una sociedad de perfiles

Por Fernando A. De León.-La sentencia 168-13 tal vez incrementó la tendenciosa práctica de juzgar a la gente por presuntos perfiles; esta vez en cuanto a lo racial. Pero de un tiempo a esta parte asistimos a un escenario donde una buena parte de la población se ha convertido en “tasadores” de perfiles, y el que no está acorde con ciertas características conductuales, está “quedao”

El perfil en lo literal, no se circunscribe a mirar el lado de las cosas o personas. Hay también un perfil que tiene que ver con las razas, etnias, lo económico, la conducta, las vestimentas y hasta el discurso conversacional que usted utilice. Peligrosamente nos enrumbamos hacia una sociedad donde el perfil adquiere ribetes determinantes.

Y parecería que no sólo nos limitamos al “perfil sospechoso”. Claro esto tiene que ver con el hombre humilde de a pie que, aunque sea más honesto que cualquier banquero o funcionario, por sus simplicidades y existencia frugal, levanta polvaredas de suspicacias.

Nos preguntamos desde cuándo un pueblo en donde la gente es un amasijo medio-isleño, teme confundirse con los demás. ¿En qué precisa coyuntura histórica se perdió la sencillez, nos europeizamos, nos sentimos ser una potencia, y desdeñamos nuestra herencia negroide y, en consecuencia, barrimos con la feria de las ideas y costumbres?

En lo que resulta un tremendismo o absurdo en esta época, un joven nos espetó diciendo que parecíamos “comunistas”. Con el desparpajo que nos caracteriza le preguntamos ¿y tú qué comes que adivinas?

Aunque el joven que lanzó la expresión es un miembro de la Dirección Nacional Contra las Drogas (DNCD), su inquietud obedece a que siempre nos veía con un discurso distanciado del status quo y que, contrario a otros, en el lugar que nos reuníamos nadie cotilleaba sobre nosotros, porque coherentemente, no estamos contestes con el sistema, ni atados al gobierno.

Parecería que en República Dominicana, algunos sectores entienden que debemos asumir una postura uniforme con respectos a la cosa y políticas públicas. Es decir, disentir de lo que hay en el entorno rezuma en una postura temeraria y riesgosa. Este es uno de los perfiles que se nos quiere imponer.

Al igual que otros, el joven de la DNCD parece no entender que la militancia en una organización política, por ciertas coyunturas adversas, puede desaparecer. Pero ello no es así en cuanto a potenciales ideológicos. Además no sé es comunista por estar en desacuerdo con ciertas prácticas y poses. Esto, al margen de cuál que sea el gobierno de turno.

Así las cosas, tal vez lo mejor sería enquistarse en lo que se denomina “bajo perfil”, que no deja de tener soterradas iniciativas. No necesariamente esto hace la diferencia. Muchos de los que mantienen esta postura, son sobradamente corruptos y descarados; sólo son taimados.

Lo cierto es que no estamos perfilando-perdón por la redundancia-, hacia una sociedad de perfiles. Por ello no resulta extraño el que más gente se inserte en los medios de comunicación. El infiltrarse en los entes comunicacionales, también es una forma de mantener un perfil aunque ese paso sólo lo valoren los ignaros e incautos.

Aparejado con todo esto parece emerger un sector que, aunque hace poco eran pobres de solemnidad y no sabían ni anudarse una corbata, hoy visten extrañamente, hasta el extremo de lucir ridículos.

Si no usan corbatines, estrambóticas vestimentas, no permanecen barbados, y a veces “empipados”; no aparentan ser intelectuales ni cumplen con el objetivo de defenestrar sus humildes orígenes. Pero como dice el refranero popular, y esto si tiene vigencia todavía, pese a querer presentar un ilegítimo perfil: “la mona aunque se vista de seda, mona se queda”.

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