¡Solidaridad!


Fernando de León

Fernando De León

Por Fernando A. De León.-Al margen  de  lo presuntamente  trascendente  de nuestra simpatía político-partidaria  todo el que haya servido de reportero  en los tiempos aciagos de décadas pasadas; debió sentirse indignado ante los abusos de que fue objeto recientemente, la otrora reportera Socorro Monegro.

Cuando presenciamos  las imágenes de esos atropellos, en una refriega que iniciaron agentes policiales en las inmediaciones de la Oficina de Ingenieros y Supervisores de Obras del Estado (OISOE), sin estar presentes, nos sentimos humillados e indignados como si hubiésemos sido nosotros los agredidos.

Independientemente de lo que esté sucediendo en un país donde tal parece los movimientos dialécticos han  sido defenestrados y la entropía no cumple con la ley-como señalan los científicos-, de sustituir lo viejo por lo nuevo, si alguna vez se ejerció el reporterismo durante los 12 años que encabezó Joaquín Balaguer hay que solidarizarse con la que, en su tiempo, fue una aguerrida reportera.

Obviando  las motivaciones políticas de Monegro y el conglomerado que  protesta  contra la corrupción, la acción de los miembros de la Policía Nacional constituye un retroceso  y un acto propio de las cavernas. No había necesidad de expulsarlos del entorno presidencial de forma  tan violenta.

Que el periodismo en este estadio histórico haya experimentado un  giro que, de alguna forma, con respecto a otros tiempos ha perdido lo esplendente de su tarea, no debería tornarnos  indiferentes ante ciertos abusos contra colega alguno. En nuestro caso, máxime cuando se trata de una reportera  que ejerció cuando el periodismo de denuncia tenía cierta verticalidad.

Los que ejercimos un arrojado periodismo, no de oficina y de simples comentarios, nos sentimos con autoridad para emitir estos juicios. En más de una  ocasión, como decía un desaparecido humorista dominicano, nos “agebramos” con miembros de la Policía Nacional  durante la funesta etapa balaguerista. Otro tanto aconteció durante poblada de 1984 cuando a la sazón gobernaba el país, Salvador Jorge Blanco.

Podríamos disentir o no con las directrices políticas de los que hoy se movilizan,  protestan y piden el cierre y sometimientos de presuntos funcionarios corruptos de la OISOE, pero las pasiones políticas no pueden constituirse en óbice que impidan condenar los atropellos policiales, así como reivindicar el derecho de la gente a protestar.

No se trata de que Socorro  Monegro, hoy pareja del diputado y dirigente sindical juan Hubieres, deba ser privilegiada. El sólo hecho de presenciar cómo era atropellada, debe indignarnos.  Sobre todo a aquellos  que, militantemente, amaron e incursionaron en la afanosa tarea del reportero de aquellos tiempos.

Este sentimiento de solidaridad debe primar aun si hubiese sido otro  colega el agredido. Y con más razón cuando se ejercía un derecho ratificado por el Tribunal Supremo Administrativo (TSA). Si se protesta sin dañar a terceros ni al pueblo dominicano, la violencia policial no se justifica.

Es más, si se deja manifestar a la gente, pacíficamente, el gobierno proyectaría una imagen de democracia y tolerancia que amortiguaría el negativo efecto del aluvión de denuncias sobre funcionarios corruptos.

De otro lado, no estamos de acuerdo con los comentarios vertidos por algunos rábulas y paniaguados que, obedeciendo a una extrema abyección, tratan de justificar cualquier abuso de las autoridades en el entendido de que se busca aportar un “muertito” para provocar un escándalo mayúsculo. Porque después de todo los que  trazan desacertadas políticas públicas, deben ser contrarrestados por sus pares de otro litoral. ¿O no es así?

Aunque no somos una clase, sino un sector, no debemos convertirnos en abogados del diablo cuando se maltrata injustificadamente a uno de los nuestros. Y no importa, en este caso, las actividades de Socorro Monegro, Seguimos considerándola como una de nuestros esforzados y valientes colegas de tiempos en que el periodismo dominicano gozaba  de algún prestigio.

El autor es periodista, miembro del CDP en Nueva York, donde reside

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