Reminiscencia del 2015

Mi Ventana Óptica
Por Alejandro Almánzar

Alejandro Almanzar alex15958@hotmail.com Twitter, @alexalma09

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Twitter, @alexalma09

Al despedir cada año, pasamos balance sobre sus resultados. Del 2015, cosas positivas y negativas abundaron, como siempre. La opinión será favorable o desfavorable, dependiendo de los objetivos logrados.

Hay quienes se enfocarán en sus beneficios personales, de las metas alcanzadas, o dejadas de alcanzar, el periodista no se limita a esto último, pues asume el compromiso social, de proyectar y difundir aquello que impacta a la humanidad.

Se interesa, sobre todo, por los males que aquejan al mundo, para denunciarlos y reclamar soluciones. Si no formara parte de este oficio, y partiera de lo particular hacia lo general, diría sin dudarlo, el 2015 fue mi año fantástico.

Por permitirme abrazar a Alexandra, a su hijo y a mi familia, desde esa óptica, tendría motivos de sobra para despedirlo con la mayor satisfacción, agradeciéndole me permitiera saludar a mi país, después de tanto tiempo alejado de él.

El problema radica, cuando estoy compelido a partir del interés general hacia el particular, que mezcla alegrías y pesares, consuelos y desconsuelos, haciendo causa común con el sufrimiento ajeno, que nos quita el sueño.

Eso cambia la página, obligándonos a decir, que el 2015 es uno de los años más violento que recuerdo, no sólo para La República Dominicana, si no, para la mayoría de los países, llevando Europa y el Medio Oriente la peor parte.

Donde Francia, y Siria, cargaron con el mayor peso, estremecidos por el terrorismo, y la oleada de refugiados llegados a las Costas de dichas naciones, huyendo desesperados de ese flagelo.

La República Dominicana fue puesta a prueba, cuando enemigos de adentro y foráneos, en complicidad con el gobierno haitiano, buscaron robarse nuestra identidad, y echarnos de la tierra que nos legaron indígenas y reformadores.

El 2015 fue testigo, de cómo se usó el poder para violentarnos la Constitución, para hacerle un traje a la medida al gobernante de turno. Vio, cómo la autoridad dejó a merced de los delincuentes la seguridad de los ciudadanos.

Escándalos judiciales que llenaron de asco y vergüenza a quienes no han perdido la capacidad del asombro. De la burla al sistema, por parte de autoridades francesas, para sacar mediante fuga espectacular a dos narcotraficantes pilotos.

La debilidad judicial no sólo degeneró en esos hechos, si no, que grandes crímenes llenaron de horror al país, como el suicidio del arquitecto en la OISOE, despidiéndose con el asesinato dantesco del alcalde, Juan de los Santos y su seguridad.

Como cada año electoral, el tema de la corrupción acaparó la atención del 2015, sobre esto, prefiero no entrar en el juego, pues veo a corruptos de ayer, apostando a la falta de memoria de los dominicanos hoy.

El machismo hizo de los feminicidios una epidemia nacional. En sus primeros tres meses, más de 30 mujeres fueron asesinas, lo que proyectó un balance de más de 120 damas muertas, y cientos de hijos huérfanos, desgarrados por la impotencia.

Lo despedimos, con la esperanza de que el 2016 revierta con crese esa parte negativa, aunque del proceso electoral venidero, no veo la más remota posibilidad de un cambio, por la falta de una oposición creíble.

Dejó el deprimente episodio de los políticos jugando con la miseria de la gente, en las reparticiones de cajas navideñas. Ojalá, Bosch les diga a sus discípulos que terminen con ese odioso espectáculo, quizás lo escuchan.

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