Mi Ventana Óptica


Lluvia de escándalos

Por Alejandro Almánzar

Cada día que pasa Danilo en el poder, es lo que más se parece al Jorge Blanco de “las manos limpias”. Y sabiendo, que no somos lo que decimos ser, si no, lo que aparentamos, al decir de los griegos, presiento que el mandatario terminará igual o de peor manera, excepto, que por el dominio del PLD en la justicia, este no irá a la cárcel como el personaje en cuestión.

Prometiendo remover a cualquier funcionario señalado por el rumor público de corrupto, el actual ejecutivo asumió un reto que no ha cumplido, quizás por compromiso de amistad, compañerismo o familiar, de ahí, que cada día tengamos un escándalo diferente, dejando al desnudo la pobre transparencia de su administración.

Su peor error pudo ser, neutralizar la prensa, para sólo dar a conocer hechos que interesan a su gobierno. El hombre que juró seguir paso a paso los lineamientos de Juan Bosch, en términos éticos y morales, está gobernando como si se tratara de una dictadura, donde se callan voces disidentes para ocultar la corrupción.

Por eso, no es extraño que estallen periódicamente hechos que dejan perplejos a los ciudadanos, que ven, cómo un escándalo sustituye al otro, tan recurrentes, que espantan hasta al más indiferente de la nación.

El presidente tiene su Félix Bautista, en la persona del ministro de Obras Públicas. Su Quirino, en Francisco Alburquerque Fortuna, un narcotraficante buscado por Los Estados Unidos, que aunque es “prófugo” de la justicia, se pasea libremente en su negocio, acompañado de funcionarios civiles y militares.

Lo último que se sabe de éste, fue el incidente en que se vio envuelto en Haití, después de que el vehículo en que andaba atropellara a una niña, y ningún funcionario ha podido explicar, qué buscaba el gobernador de Elías Piña, funcionarios consulares y oficiales en su compañía aquel día.

Pero como un escándalo sustituye otro, eso no pasó de una información periodística, sin mayor importancia. Ya habíamos vivido el soborno y chantaje a senadores y diputados, para que en franca violación a la Constitución imponer su reelección presidencial.

Como tampoco tuvo importancia el sometimiento de un funcionario de la ONU por corrupción. La muerte del arquitecto en la OISOE, el ametrallamiento de dos locutores en San Pedro de Macorís por la corrupción en el CEA, eso también se esfumó.

La niña Emely, que una funcionaria asesinó con la peor saña, valiéndose de sus relaciones política, que si la sociedad no se revela hubiese pasado como un feminicidio más. Que funcionarios judiciales se las arreglaron para sacar a un sicario de la cárcel, presentando a su nombre diagnósticos de otro paciente, para ayudarlo a escaparse.

La corrupción en la OMSA no es noticia nueva, pero era un amigo del presidente, y tenía que suceder otro crimen atroz como el del abogado y profesor universitario, para el gobernante intervenir, poniendo de manifiesto hasta dónde la extorsión y corrupción andan de las manos en su gobierno.

Al final, el presidente Medina deberá estar pisándole los talones a Hipólito Mejía, si no superándolo en escándalos de funcionarios envueltos en corrupción. En el periodo presidencial que la sociedad pensó vivir con menos sobresaltos, se despierta cada mañana con una lluvia de escándalos que provocan perplejidad a cualquiera.

alex15958@hotmail.com

Twitter, @alexalma09

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