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Mi Ventana Óptica Ateos y creyentes

Por Alejandro Almánzar

De sueños y creencias, muchos hacen su mundo, en el que se envuelven de vidas en vidas. Creer es simple, si no razonamos eso que nos hacen creer, pero ante los pobres argumentos de doctrinas, las creencias serán pura superstición.

Y es más fácil sostener una braza a mano pelada, que la hechicería, aunque de lo irreal, podría construirse lo real, pues tanto Dios, como el Diablo, tienen la existencia que el razonamiento humano y las circunstancias nos permiten darles.

Por ejemplo, la presencia de Jesús, nadie pone en dudas, lo que sí, se cuestiona, es la promoción que de él se hace partiendo de la forma en que murió, cuando es ampliamente sabido era el modo de condenar en esa época.

Quienes no aceptan mentiras y verdades a media sobre él, son tachados de ateos, individuos “que niegan a Dios”, pero grandes figuras de la Iglesia Católica, coinciden en que los mejores creyentes son precisamente estos “ateos”.

San Francisco de Asís, decía que ellos no creen por creer, si no, que lo hacen con conciencia. Entre ateos y creyentes hay diferencias abismales, el primero sirve desinteresadamente, no usa a Dios para pedirle favores, y prefiere aportarle a Dios.

Siempre está alegre, muestra seguridad, no se enfada, nunca se siente pobre, aunque no tenga comida. Como si fuera su reencarnación, el Papa Francisco I, dijo recientemente, “ante un creyente de oficina, prefiero un ateo servicial”.

Es que el prelado está consciente de que el ateo como tal, no existe, pues no hay hombre sin Dios, ni Dios, sin hombre. Que sólo se trata de creencias impuestas, y términos con los cuales se marca a quienes no aceptan todo como verdad.

Una de las razones para que la Inquisición fuera tan funesta para la humanidad y la propia Iglesia. El ateo, contrario al creyente de camino, es meditativo y busca el origen de cada cosa, el “metódico”, que desde niño fastidia buscando saberlo todo.

Si vemos, la Biblia, no menciona a un solo ateo entre quienes crucificaron a Jesús. Este, difícilmente se detenga ante un hecho sucedido hace tantos siglos, porque sería petrificarse en los conocimientos, como sucedió a la mujer de Lot.

Porque si hemos hecho cosas mayores que la suya, también asistimos a crucifixiones tan dolorosas como la experimentada por él. Ejemplo, lo del 9/11/01, que todavía nos despierta espantados, con la imagen de una pareja, que sin posibilidad de escapar al terrorismo, agarrados de manos, se lanzó al vacío desde las Torres Gemelas.

Y ese fatal acontecimiento superó el drama de Jesús, quien por lo menos, aunque arbitrariamente, fue juzgado, mientras quienes perpetraron esos atentados, no les dieron la oportunidad a las víctimas a demostrar si eran culpables o inocentes.

Pero esa lucha sangrienta entre “creyentes”, supera también su suplicio, donde gente ajena a conflictos religiosos ve interrumpir su existencia. Pero como todo mal obra para bien, esta violencia en nombre de Dios, tumbará la venda impuesta por la Edad Media.

Hombres como el Cristo, y Albino Luciani, no tienen cabida ante quienes han creado a Dios a imagen y semejanza de intereses terrenales. El creyente se vuelve crítico, temeroso, sumiso, espera ser ayudado, y si ayuda, pide recompensas, el ateo lo hace sin esperar nada a cambio.

alex15958@hotmail.com

Twitter, @alexalma09

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