Los dirigentes con olor a cónsules

Por José Alduey Sierra

Twitter: @josealdueys

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Desde que agarraron la candidatura presidencial impusieron una línea dura excluyente. Los diseñadores de esa estrategia, experimentados en el arte rústico de subir al poder dando codazos desde la oposición, aprendida en el PRD, le hicieron saber a Luis Abinader que imponer su dirigencia en toda la estructura del Partido Revolucionario Moderno (PRM), era lo correcto. Y hacerlo bien implicaba primero bajar una línea fuerte de bloqueo y exclusión contra todos los seguidores de Hipólito Mejía, el perdedor sin convención clara y transparente. Tan fuerte fue la aplanadora que pasaron por la guillotina hasta los más humildes hombres y mujeres de Mejía, en toda la estructura partidaria, pese a que no parecen haberlo derrotado voto a voto en la convención, pero sí lo han despojado de todo el poder y control del comando de campaña nacional e internacional y de las candidaturas congresuales y municipales.

Claro, la guillotina primero cortó las cabezas de los más altos dirigentes. Al dejar fuera a toda la maquinaria del ex-presidente surgieron los primeros rencores. El dolor creciente, con sentimiento de traición, conduce a la reflexión y análisis del grupo excluido hasta concluir que no solamente perdieron su hegemonía sino toda perspectiva futura de acceso al candidato presidencial, a quien vieron en el Pacto de La Florida, violado en la práctica, y por tanto, les cerraron el camino al reparto equitativo del banquete hacia el poder que los dirigentes perremeístas ven asomarse a la vuelta de la esquina, si los escándalos de corrupción castigan con más fuerza la popularidad de la reelección y el presidente Danilo Medina, con hechos tan ominosos como el suicidio del arquitecto-contratista David Rodríguez García en la OISOE, y el arresto del embajador ante la ONU, Francis Lorenzo, escándalo que apenas empieza a destaparse.

Apuestan al desplome completo de Medina, quien ha perdido un poco de aura del gobernante sobrio que parecía, después de conquistar la reelección a tiburonazo limpio, y aseguran que no resiste un escándalo más de corrupción sin derrumbarse. Más aún confían en que los adversarios internos de Medina en el PLD ayuden con su frialdad a la noble causa de Abinader, carismático líder con posibilidades de ganar, aunque las encuestas todavía no lo digan, pero sin el discurso toletero vuela -cerca de Mejía. Consumado el proyecto de exclusión total de los seguidores de Mejía, con la muestra más palpable en Héctor Guzmán, el vocero de la campaña despojado de su candidatura a diputado nacional, y de los dirigentes del expresidente en Nueva York, con José Placencia a la cabeza, lo correcto era pasar de la resistencia pasiva a la reacción activa. Y así lo hicieron.

Es cuando nace La Maquinaria, una fuerza que postula rebeldía, más que una posición política real. El planteamiento es desafiante: Hipólito Presidente, Abinader Vice, la fórmula del 2012. Porque alegan que Abinader no ha prendido. Es la dulce venganza, el desquite total, sabedores de que con Abinader lo pierden todo. Es la inequívoca convicción de que los dirigentes de Hipólito, en caso de ganar Abinader, quedarían comoquiera fuera del poder. Y porque de hecho, sin haber ganado, ya han perdido, torturados y masacrados con la exclusión fría y calculada de la dirección de la campaña por los dirigentes perremeístas con olor a cónsules, diputados, senadores y síndicos y hasta a secretarios de Estado. ¿Cuánto pesará el poder de La Maquinaria? Nadie sabe. Lo que sí está claro, por ahora, entre los abinaderistas es que la venganza duele.

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