Las alianzas electorales

Mi Ventana Óptica

Por Alejandro Almánzar

Alejandro Almanzar alex15958@hotmail.com Twitter, @alexalma09

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De poco o nada le ha servido al pueblo dominicano luchar por sus libertades. Tener fama de sepulturero de tiranos, y condenar las injusticias sociales o políticas. Como cumpliéndose aquello de que el quisqueyano es dictador desde antes de nacer.

Muerto Trujillo, al país le venden la idea de que vivimos en Democracia, pero lo cierto es, que los llamados demócratas de hoy no tienen nada que envidiarle al dictador de ayer. Sólo, que este último se imponía por las bayonetas o metralletas, mientras los dirigentes actuales se valen del voto para imponerse a los demás.

Las alianzas electorales entre organizaciones que participan del actual proceso es un claro ejemplo de eso, donde la decisión de los ciudadanos queda a merced de los caprichos de quienes se hacen llamar líderes de los partidos del sistema.
El presidente Medina en su afán de concentrar más poderes, desarma a una pobre oposición que no mete el más mínimo miedo, pues es tan débil, que sus vientos no tumban ni hojas secas, y mucho menos cocos.
Pero esa alianza tiene un precio alto que deben pagar los discípulos de Bosch, quienes con toda una vida en la actividad política dentro del PLD sin saber para qué, pues a la hora de buscar una posición electiva estas tratativas los dejan fuera de juego.
La idea de un gobierno compartido es buena, pero debe ser un acuerdo de gobernabilidad, que no lesione derechos de los ciudadanos a elegir y ser elegidos, en el cual se repartan cargos del Ejecutivo, pero no posiciones electivas que sólo sirven de retranca al desarrollo de nuevos líderes en las comunidades.
Para ponerle más énfasis a esta acción antidemocrática, tenemos lo revelado por el presidente de la Junta Central Electoral, Roberto Rosario, sobre el movimiento irregular de votantes con fines de alterar la voluntad popular en pequeñas provincias.

Una práctica vieja, donde intervienen los grupos con poder político y económico, violentando el derecho de los votantes de esas demarcaciones, y como siempre, nunca hay sanción, porque los políticos no sólo tienen un Corso para adueñarse de los bienes del Estado, si no, del derecho de los ciudadanos.

Hace mucho que el votante no ejerce libremente sus derechos soberanos. Los jefes de partidos se los imponen mediante acuerdos truculentos y antidemocráticos. Pero peor es, saber que la sociedad no le hace frente a esos ademanes, que van socavando la institucionalidad y lo que queda de la Democracia.

Las alianzas entre fuerzas políticas y acuerdos de dirigentes en esas organizaciones se convierten en una estocada mortal para las aspiraciones de miembros de esos partidos, y del libre juego de las ideas, pues ya saben que nunca podrán representar a sus militancias en una posición electiva.

Lo que significa, que en estos pierden el tiempo, y quienes sienten algo de respeto lo pensarán mejor para afiliarse a un partido que en base a esas tretas les arrebata sus derechos de elegir y ser elegidos, consagrado en la Constitución.

Por ejemplo, el acuerdo Leonel y Danilo, mandó a sentar a quienes aspiraban dentro del PLD a senadores, diputados, alcaldes y regidores, y ahora deberán esperar que Colón baje el dedo, pues mientras uno de los dos respire, que nadie aspire.

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