Fue algo más de lo que me comentó “Chiqui”

Por Fernando A. De León.-Para mi sorpresa en ese entonces, hace algunas décadas que Radhames Gómez Sánchez (Chiqui), me comentó que periodista podría ser cualquier guardia. En otras palabras, insinuó que alguien, luego de incursionar en la milicia, podía “engancharse” a periodista.

El comentario de Chiqui, a la sazón, jefe de redacción del noticiario de la televisora Rahintel, hoy Antena Latina, se produjo en uno de los pocos momentos en que le dio en conversar conmigo amenamente.

Chiqui me dijo esto cuando se refería a la agitada faena de su muy querido padre, lamentablemente hoy recién fallecido, Radhamés Gómez Pepín. Sin embargo, creo que el periodista de esa época me habló en sentido figurado y deplorando algunas inconsistencias del oficio, divorciadas del ejercicio de su padre. Hoy entiendo que en toda su existencia y por formación hogareña, distanciada de grados académicos, Gómez Pepín, fue algo más que un “guardia”.

Cuando Chiqui me hizo el comentario, nunca le confesé, y no sé por qué, que admiraba a su padre por su entereza y coherencia y tenacidad como individuo y como hombre dedicado a los afanes periodísticos. Hoy me entero, a través de entrevistas de las que no tenía conocimiento, de que ese ícono del periodismo dominicano, en un tiempo, fue cadete y llegó a pilotar naves aéreas.

También me enteré, aunque tenía algún vago conocimiento, de que había sido seminarista. Me deleite al oír a Gómez Pepín hablando de su familia, y admitiendo que antes de irrumpir en el periodismo era un “vago y un sinvergüenza”. Un hombre que admite eso sin tapujos y desenfadadamente, luego de que su padre, Ramón Gómez, también periodista, le conminara a trabajar; de seguro no pudo ser un hombre común y mucho menos un simple guardia, como expresara Chiqui

Luego de escuchar los relatos de su historia familiar, profesional y como se forjó bajo la égida de una celosa madre educadora y un padre disciplinado; no me siento arrepentido de haber admirado a Gómez Pepín, a quien nunca le estreché la mano, y sólo algunas veces los veía recorrer con sus habituales chanclas, la sala de redacción del vespertino El Nacional.

Pude haber estado de acuerdo o no con ese talentoso periodista-se dice que era temperamental y rabioso- pero tengo la certeras “Pulsaciones” que me dicen que en la historia que hoy transcurre, con Gómez Pepín, se establece un antes y un después en el periodismo contemporáneo de República Dominicana. Sería prolijo el hablar ahora, tras su deceso, sobre su apego a la democracia y a la libertad de expresión, sin trastabillar en festinar informaciones y faltar a la verdad que orienta.

Lamento no haber conocido mejor a Radhamés Gómez Pepín, y de paso le digo a Chiqui que su padre, alguna vez, fue algo más que un simple guardia. Bien sé que lo quiso muchísimo. Mis condolencias a él y demás familiares, y le exhorto a que siempre mantenga inmarcesible, el legado de su padre.

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