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Primera Plana

Editorial

logoP (1)El nacimiento de cualquier medio de comunicación siempre viene acompañado de desafíos proporcionales a los cambios permanentes en la sociedad que tiene como escenario.

Máxime cuando ese medio surge de las entrañas de una comunidad como la latina, compleja por su rica composición étnica, con la meta de ser su portavoz fidedigno.

Es cierto que ya “la pava no pone donde ponía”, porque gracias a la imparable revolución cibernética e informática, el control de los medios comunicación y, a través de ellos, del pensamiento y hasta de la voluntad de la población, ya no es exclusivo de los grandes portavoces de las corporaciones económicas que todavía dominan a su antojo el mundo.

Sin embargo, nuestra situación económica, que es el reflejo de la que afecta a nuestra comunidad en esta ciudad, es uno de los dos principales escollos a vencer. El segundo, no por ello menos difícil, es el de la aceptación de nuestro medio en la laboriosa familia latina.

Primera Plana es y será siempre parte de ustedes; juntos lucharemos por garantizar que nuestra comunidad sea beneficiaria de todo lo que en buena lid le corresponde para mejorar su calidad de vida.

Confiamos que nuestra progresista comunidad aprovechará al máximo la era digital y la gratuidad del internet, para que juntos superaremos la etapa de meros espectadores en la sociedad y nos convirtamos en actores decisivos y agentes de cambio de nuestra historia.

Pero un medio que como Primera Plana intenta ser el puente virtual de enlace permanente entre los que dejamos allá y los que “quemamos la nave” al llegar a este hospedable puerto, nunca recibirá—y no es bueno que sea así—el aplauso unánime de sus lectores, incluidos quienes hasta ahora son los únicos actores en la sociedad neoyorkina.

Confiados en ello fue que un grupo de periodistas a quien la realidad sociopolítica de nuestros países, también empujó hasta este lar de sueños, decidió atreverse y convertir en acción la idea de tener un instrumento mediático defensor de la comunidad latina, lo que implica además de informar, entretener y orientar, ser vigilante del gobierno y del liderato en general de esta ciudad. En manos de ellos ponemos esta herramienta fundamental en el empoderamiento de toda la comunidad hispanohablante.

Es posible que en el cumplimiento de ese deber, en ocasiones alguno que otro contenido informativo agrade a unos y desagrade a otros. Eso es normal en toda sociedad tolerante. Por eso estamos preparados, conscientes de que la verdad, como el buen medicamento, no siempre es agradable, sobre todo si no viene envuelto en una dulce gragea que suavice el sabor acíbar que curará el mal.

Pero al final la comunidad toda saldrá beneficiada, y por nuestra  responsabilidad no nos sorprendería escuchar de cuando en vez que la gente no dude en afirmar en cualquier corrillo barrial:“….eso es verdad, porque yo lo vi en Primera Plana”.

 

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