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Fernando A De Leon

Diversidad

Por Fernando A. De León

Debo confesar que luego de pasar la amarga experiencia de ser un migrante más en tierras extrañas, a veces me siento como un despojo de la exclusión e inequidad de las desacertadas políticas públicas de República Dominicana pero, de alguna forma, también, es la resultante de resistirme a la tentación de corromperme hasta los tuétanos.

Pese a todo, más que deprimirme, luego de observar a mis nietas-todavía no hay un varón-, me siento como uno de los 17 elementos de la “tierra rara” que contribuyen al algoritmo tecnológico de hoy. Es decir, al igual que uno de éstos, aunque se obvie, he hecho mis aportes. En otra dimensión, soy dador de razas y etnias.

He contribuido con la formación de otras existencias en un sincretismo que cada día se acrecienta más. Mis hijos tienen descendencias de otros confines de nuestro agitado mundo; y esto ha reforzado la reciedumbre de mi tolerancia, al tiempo de barrer con cualquier vestigio discriminativo.

Profundizando más en ese intrincado asunto y consciente del origen africano del hombre; pensando en los que descienden de mí y con los que han entretejido su cotidianidad podría suceder que, yo mismo, de someterme a un riguroso examen genético tal vez tenga la ascendencia de un asiático, polinesio, nórdico, u otra especie de una muy remota región.

En fin, muy a pesar de mi forzoso ostracismo es dable afirmar que la mayoría de migrantes hemos contribuido con la diversidad, y engrosamos nuevas generaciones con las perspectivas esperanzadoras de un futuro más esplendente.

Con todo y nuestros resabios estoy convencido de que ésta, fomenta el desarrollo de nuestra economía y, aunque se note a largo plazo, terminará por colorear nuestro acervo cultural.

El autor es periodista, miembro del CDP en Nueva York, donde reside.

 

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