Desafortunada respuesta

Por Fernando A. De León.-Cuando el presidente Danilo Medina dice que es un gobernante que responde con hechos y no con respuestas a preguntas de periodistas, luego de haber dicho al inicio de su gestión que actuará frente a los funcionarios sindicados como corruptos sólo por el rumor público, incurre en la no asertividad de sus decisiones; estamos ante un gobernante caricaturesco.

Cuando se dice que se actúa con hechos, se debe guardar silencio y nunca decir lo que no se hará. Cuando uno se ufana de privilegiar el hacer, no se debe tolerar el que se anuncie de antemano lo que no se ejecutará, porque entonces se es un farsante.

También es un contrasentido en esta coyuntura histórica, el decir que se pertenece a una presunta escuela donde se hace y no se habla. Una de las armas de un gobierno aceptable, al menos en República Dominicana, es el discurso que informa, explica, y orienta. Hay ciertos conceptos, términos y acepciones a los que se apela vanamente para exhibir una retórica que termina ridiculizándonos. No todo el mundo es estúpido.

Un presidente no maneja una entidad privada; dirige un estado de cosas de carácter público. ¿O es que, realmente, en los últimos años tenemos ante nosotros a una corporación, no a un partido político electo a través del sufragio?

Cuando el ministro administrativo de la Presidencia, José Ramón Peralta, señala que el presidente lo que debe hacer es gobernar, no habla un tecnócrata. Habla un empresario metido político, pero engreído, que irrespeta al pueblo dominicano.

Aunque bien se sabe que hay toda una inequidad en cuanto a las ventajas del gobierno de turno, cuyo partido y funcionarios supera a los demás en cuanto a publicidad se refiere, por lo menos el pueblo que incautamente continúa consumiendo el mismo producto, se merece respeto. Esto aunque haya favorecidos sectores fácticos y mediáticos que coqueteen, o coincidan con el silencio gubernamental.

Ante el abusado pueblo dominicano que es vapuleando en sus derechos elementales, de vez en cuando se debe por lo menos allantar, y pronunciarse en cuanto ciertos problemas que sacuden a toda la sociedad dominicana.

Es lastimero tener que coincidir con la pasada forma de gobernar del taimado presidente Joaquín Balaguer. Aun cuando fuimos golpeados por su régimen, el fenecido presidente era capaz de, públicamente, abordar asuntos cruciales.

Cuando se dice que se tiene el estilo de responder con hechos y no hablar, entonces no hay capacidad de gobernar como se debe; se es mal presidente y, en consecuencia, lamentablemente, sólo bien se regenta a pueblos amodorrados e incautos como el nuestro.

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