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Getty Images El presidente Trump participa de un foro sobre Seguridad Nacional, el 2 de febrero del 2018 nen Sterling, Virginia.

Trump dispara el gasto militar y apuesta por el muro a costa de los programas sociales

WASHINGTON.-Frontera, defensa e infraestructuras. El proyecto de presupuesto presentado por Donald Trump para 2019 ofrece un buen negativo de su ideología. Estados Unidos se protege de la inmigración (23.000 millones), refuerza su músculo militar (686.000 millones) y activa el crecimiento interno con 200.000 millones en obras públicas.

Una propuesta que se ajusta milimétricamente a las necesidades electorales republicanas, pero que recorta drásticamente los gastos sociales y quiebra la promesa de contener la hemorragia presupuestaria. Lejos de cualquier moderación, la iniciativa (4,4 billones) aumenta un 10% el gasto y dispara el déficit hasta casi el billón de dólares.

Esta incertidumbre, en un país con una deuda pública superior a los 20 billones, se agrava ante la renuncia expresa a alcanzar el equilibrio fiscal, uno de los mandamientos de la biblia republicana. Por el contrario, el texto presentado este lunes admite que en un decenio el déficit acumulado puede alcanzar los 7,2 billones, frente a los 3,2 billones que Trump prometió el año pasado. Es un desequilibrio gigantesco que ni siquiera frenan los recortes masivos en gasto social: tres billones de dólares en 10 años, especialmente en programas sanitarios y de alimentos.

Creíble o no, el presupuesto tendrá que pasar por la trituradora del Congreso. Ahí, republicanos y demócratas diseccionarán las partidas y las someterán a sus necesidades, que este año gravitan en torno a las elecciones del 6 de noviembre, cuando se renovará toda la Cámara de Representantes, un tercio del Senado y 39 gubernaturas. Nadie sabe con precisión qué quedará vivo tras la digestión parlamentaria, pero en cualquier caso el reparto de fondos presentado por la Casa Blanca ofrece una buena fotografía de sus objetivos políticos.

Menos diplomacia, más balas

El presupuesto presentado por la Casa Blanca para 2019 impone un recorte del 32% al Departamento de Estado. Con sólo 37.000 millones, 20 veces menos que el Pentágono, la diplomacia sufre mermas en casi todos sus programas. Las operaciones de paz, los fondos para la ONU y otros organismos internacionales se llevan la peor parte.

En la cuestión migratoria, que esta semana centrará el debate en el Congreso, el presidente exige 23.000 millones para seguridad fronteriza, incluyendo 18.000 millones para el muro con México. Fuera ha quedado cualquier partida destinada a los dreamers, los casi 700.000 inmigrantes registrados que llegaron siendo menores a EEUU y que, por orden de Trump, se quedarán sin protección legal el próximo 5 de marzo. “No he incluido este apartado en el presupuesto para que los congresistas puedan debatir libremente y llegar a un acuerdo”, se justificó el presidente.

Otra apuesta fuerte procede del gasto militar. Logrado un aumento del techo de gasto de 69.000 millones, el presupuesto de defensa queda en 686.000 millones y permite, en palabras del jefe del Pentágono, Jim Mattis, “volver a la primacía” en el pulso geoestratégico con Rusia y China. “Tendremos una fuerza nuclear totalmente modernizada y nueva. Ojalá no haya que usarla, eso dependerá de otros, pero que nadie dude de que mientras sea presidente estaremos por encima de cualquiera en poderío nuclear”, afirmó Trump.

La joya de la corona recae en el plan de infraestructuras. En su día fue presentado como el gran proyecto de 2018 y ocupó un lugar central en el discurso del estado de la Unión: “Juntos podemos recuperar nuestra herencia como constructores. Construiremos flamantes carreteras, puentes, autopistas, vías férreas y vías fluviales por toda nuestra tierra. Y lo haremos con corazón estadounidense, con manos estadounidenses y con agallas estadounidenses”.

Esas fueron las palabras de Trump, pero ahora, volcada al papel, la iniciativa ha quedado jibarizada. Del billón de dólares que la Administración federal iba a inyectar para dinamizar las infraestructuras de transporte, agua y electricidad, la aportación se ha reducido a 200.000 millones. El resto procederá de fondos estatales, locales e inversión privada. Un auténtico rompecabezas que tiene a su favor tanto la promesa de la Casa Blanca de retirar cualquier obstáculo burocrático como las evidentes ganancias electorales que puede generar a los congresistas.

Trump propone cambiar cupones de alimentos por canastas de comida

En lo que podría ser uno de los mayores cambios al programa de cupones de alimentos de Estados Unidos en sus cinco décadas de historia, el presidente Donald Trump propuso eliminar los pagos de dinero en efectivo y reemplazarlos con la entrega de “alimentos cultivados 100% en el país”.

Los cambios, delineados el lunes en la simbólica propuesta de presupuesto presentada por Trump este lunes -que probablemente no vaya a ninguna parte, dado que el Congreso aprobó un presupuesto completamente diferente para los próximos dos años el viernes anterior-, reestructurarían el Programa Asistencial de Nutrición Suplementaria, o SNAP (en inglés), que ofrece ayudas aproximadamente a uno de cada ocho estadounidenses, al reducir en cerca de un tercio su gasto en efectivo.

Canasta Basica

El plan es parte de una campaña para reformar SNAP y ahorrar unos 214,000 millones de dólares en un período de diez años. La propuesta contempla entregar a todos los hogares que reciben más de 90 dólares al mes en subsidios en efectivo un paquete de ayuda alimentaria que incluiría productos como “leche de larga duración, cereales instantáneos, pasta, mantequilla de cacahuete, alubias, fruta en conserva, verduras, carne, pollo o pescado”.

Las acciones de Dollar Tree, y Dollar General cayeron el lunes después de conocerse el plan.

La llamada ‘America’s Harvest Box’ (Caja de Cultivos Estadounidenses) del Departamento de Agricultura (USDA, en inglés) “es un enfoque audaz e innovador para proporcionar alimentos nutritivos a personas que necesitan ayuda para alimentarse a sí mismos y a sus familias, y todos los productos provendrán de agricultores y productores estadounidenses”, dijo el secretario de Agricultura, Sonny Perdue, en un comunicado.

La reacción fue bastante fría en el Capitolio, donde los comités de Agricultura de ambas cámaras del Congreso están trabajando en la reautorización anual del programa de cupones de alimentos, como parte de la ley agrícola que se renueva cada año el 30 de septiembre. Los demócratas tendrían derecho de veto en la propuesta, si se presentara oficialmente, y ninguna intención de llevarla a cabo, especialmente en pleno año electoral.

Programas del USDA

El programa de cupones de alimentos benefició a 42.2 millones de personas y 20.9 millones de hogares durante el año fiscal de 2017. El beneficio promedio recibido por hogar fue de 254.14 dólares, así que el 81% de los hogares que reciben la ayuda serían incluidos en la iniciativa, según el USDA. La asistencia del SNAP costó 68,100 millones en 2017, con 63,700 millones destinados a la entrega de beneficios monetarios.

Según el plan, la cantidad de comida que recibe un hogar se ajustaría al tamaño de la asignación, y casi la mitad de la asistencia se entregaría en forma de alimentos en lugar de efectivo. El USDA ya compra materias primas para otros programas, como el que cubre los almuerzos en las escuelas a nivel nacional, y los estados estarían a cargo de la distribución, dijo el Departamento.

Los principales grupos de presión de la industria agrícola y de alimentos evitaron comentar la medida, mientras un grupo de acción contra el hambre se declaró alarmado por la propuesta. El plan reemplazaría un sistema que funciona “con uno de diseño excesivamente complicado de distribución alimentos a través de cajas, que será administrativamente costoso, ineficiente, estigmatizador y proclive al fracaso”, dijo Jim Weill, presidente del Centro para la Investigación y Acción de Alimentos, en un comunicado.

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