¿Por qué políticos EE UU se meten en el conflicto dominicano-haitiano?


Por José M Hernández/NY.- Cuando el alcalde Bill De Blasio calificó en pleno Washington Hights, como un acto “inmoral” y “racista” la política migratoria del gobierno Danilo Medina, jamás imaginó que sus palabras desatarían casi al instante un demonio que dormita con un ojo cerrado y el otro abierto en el alma de gran parte de los dominicanos.

No tardó mucho tiempo en descubrirlo. Pocos minutos después de su perorata, su rostro distendido, como impactado por el flash de una cámara fotográfica, cambió en fracciones de segundos de apacible a solemne, y de ahí cruzó a la severidad cuando Ydanis Rodríguez, uno de sus mejores aliados en el gobierno municipal, agarró el micrófono y le replicó el discurso.

Es que el popular gobernante demócrata de la Gran Manzana, había escogido aquel 21 de junio al Centro Comunitario Malcol X, ubicado en medio del mayor gheto de los emigrados dominicanos, para dar un espaldarazo a indocumentados haitianos y a algunos de sus hijos cuya nacionalidad es cuestionada pese a que nacieron en la República Dominicana.

Al alcalde neoyorkino, de 54 años, se le atribuyó el 21 de junio haber llamado a un boicot al turismo hacia la República Dominicana. Y pese a que desmintió la versión—tal como le ocurrió en la semana siguiente al laureado escritor dominicano Junot Díaz— un mes después ésta se mantiene realimentada por el morbo popular en las redes sociales y en otros medios informativos.

El rencor contra De Blasio persiste aún y, estimulado por un pequeño grupo vinculado al Estado dominicano, se expresó públicamente con el abucheo del gobernante neoyorkino cuando marchaba junto a otros funcionarios por la anchurosa Avenida Gran Concourse, en el desfile dominicano del Bronx. Si antes del 9 de agosto, De Blasio no se retracta de su declaración, el grupo amenaza repetir la acción en la popular parada de Manhattan, que moviliza año tras años a decenas de miles de dominicanos por el centro de la Gran Manzana.

De Blasio, nieto de alemanes e italianos, está casado desde 1994 con la escritora afro estadounidense Chirlene McCray, de 60 años, con quien ha procreado dos hijos, Chiara y Dante, dos alegres jóvenes mulatos quienes dos años atrás se hicieron famosos encabezando equipos de activistas en la campaña electoral que culminó en noviembre del 2013 con la elección de su padre como alcalde de Nueva York. Juró el 1 de enero de 2014.

Aunque aleccionado por la hipersensibilidad dominicana al asunto haitiano, es probable que el gobernante citadino desconozca aún que ese tema, manejado como un tabú en la sociedad dominicana, aflora periódicamente en las dos repúblicas vecinas, no por arte de la magia del vudú afro caribeño al que se le teme tanto en la parte oriental de la isla, sino cuando sus ancestrales problemas económicos hacen crisis, o cuando escasea el condimento básico para sazonar el caldo a servir en algún carnaval electoral como el que se avecina el próximo año en esas dos naciones, y también aquí, en Estados Unidos, donde la política logra a veces alimentar entre dominicanos y haitianos, el jingoísmo, ese sentimiento negativo que trastoca todo el amor que se dice profesar por la patria en odio a la del vecino.

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¿Qué dijo en realidad el alcalde?

En un mordaz discurso contra el gobierno dominicano, De Blasio dijo que las deportaciones de haitianos es “claramente un acto ilegal, un acto inmoral, y un acto racista, porque se debe a que “esta gente es negra.

Y propuso crear un movimiento de opinión que obligue al Estado dominicano a detener las repatriaciones de haitianos. Dijo que en Nueva York viven más de 400 mil dominicanos y unos 130 mil haitianos.

Aunque usando un mensaje mesurado, el senador estatal Adriano Espaillat, quien al igual que Rodríguez, representa un área llena de votantes dominicanos: Washington Hights, Inwood y parte del Bronx, se agregó a las críticas contra De Blasio.

Y fue más lejos: el parlamentario, de 60 años, nativo de Santiago, convocó a una reunión del colectivo de oficiales de origen dominicano, electos a cargos congresuales y municipales en Estados Unidos.

Es decir, que al igual que su aliado demócrata, el concejal Rodríguez, el ascenso y mantenimiento en el poder del senador Espaillat depende fundamentalmente del complejo voto dominicano, paradójicamente progresista en temas decisivos de la agenda demócrata, como el de inmigración en Estados Unidos, pero conservador en la República Dominicana, donde rechaza rabiosamente conferirle ese derecho a inmigrantes haitianos.

La joven neoyorkina de origen dominicano, aclaró que defiende el plan de regularización de indocumentados, pero a la vez parecía actuar con mayor libertad en la reunión en la que la mayoría se colocaba sin reservas del estado dominicano. Y se disgustó con Selman porque supuestamente la mandó a buscar en internet la información que ella pedía.El encuentro fue efectuado en el consulado dominicano. Allí su anfitrión, el cónsul Eduardo Selman, tuvo una acalorada discusión con la concejala Julissa Ferreras, quien le requería un informe sobre el denominado Plan de Regularización que ejecuta el gobierno.

Nacida en Queens, Ferreras representa desde 2009 en la Alcaldía el Distrito 21 de ese condado, integrado por los barrios de Corona, Elmhurst, East Elmhurst, LeFrak Ciudad y parte de Jackson Heights.

Esa abigarrada comunidad integrada por latinos de origen dominicano, colombiano, mexicano, ecuatoriano, y residentes de otros grupos étnicos, es un escenario electoral totalmente diferente al barrio de Washington Hight.

La abundancia de votos en la reelección en el cargo cada dos años, no ha sido suficiente, sin embargo, para arrebatarle al veterano demócrata Charles Rangel, el asiento en la Cámara de Representantes que ocupa desde hace 46 años.

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Rangel, quien estuvo bajo investigación por cargos federales, entre ellos la supuesta evasión de impuestos, incluso de un apartamento de lujo que posee en un complejo turístico en la República Dominicana, ha derrotado dos veces al líder dominicano.

No sólo esa posesión une a Rangel a los dominicanos. El liderado demócrata dominicano está dividido desde hace décadas, en dos parcelas, una que sigue a Espaillat, y la otra al asambleísta Guillermo Linares, y algunos culpan de la división a la supuesta influencia del viejo caudillo de Harlem.

Por eso a nadie le sorprendió que el reperpero armado por De Blasio, atrajera también al congresista Rangel, un afro-puertorriqueño, quien estuvo en el consulado para sumarse a la crítica dominicana contra el alcalde De Blasio.

La gota que derramó la copa

El Congreso Nacional modificó la Carta Magna en 2010, y estableció en su Artículo 18, acápite 2 que son dominicanos y dominicanas, entre otros(as), “quienes gocen de la nacionalidad dominicana antes de la entrada en vigencia de esta Constitución”.

Pero en el Acápite 3, la misma Constitución también expresa que “son dominicanos(as) “las personas nacidas en territorio nacional, con la excepción de los hijos e hijas de extranjeros (as) miembros de legaciones diplomáticas y consulares, de extranjeros que se hallen en tránsito o residan ilegalmente en territorio dominicano. Se considera persona en tránsito a toda extranjera o extranjero definido como tal en las leyes dominicanas”.

Tres años después, el Tribunal Constitucional emitió la sentencia 0168/13, que desconoció la nacionalidad de miles de descendientes de indocumentados, algunos de los cuales ya la tenían desde hacía décadas. Basada en esa premisa, la Junta Central Electoral se negó a entregar la documentación de identidad a esas personas, lo que provocó demandas exitosas a nivel internacional.

La decisión publicada al año pasado desató una ola de opinión a favor y en contra de la cuestionada sentencia, que en el propio gobierno se le considerada irrevocable.

Sin embargo, el presidente Danilo Medina introdujo una iniciativa legal, la 169, convertida en ley a toda prisa ese mismo año, que corregiría en parte la “irrevocable” sentencia del famoso tribunal creado en base a un acuerdo político entre el gobernante Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y el entonces opositor Partido Revolucionario Dominicano (PRD), hoy aliado al gobierno después de reducirse a su mínima expresión tras dos derrotas electorales consecutivas y sufrir el doloroso parto de su último hijo, el Partido Revolucionario Moderno (PRM)

Pero los ojos del mundo, que siempre estuvieron cerrados a una realidad añeja, ahora se han abierto de par en par para enfocar a la olvidada primera isla conquistada por España a finales del Siglo XV.

El conflicto se extiende al Congreso de Massachusetts

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El alcalde De Blasio logró neutralizar en poco tiempo la presión de nacionalistas dominico-americanos en la Gran Manzana, pero a unos 400 kilómetros al noreste, la situación es totalmente diferente en el parlamento de Massachusetts, el principal estado de Nueva Inglaterra, donde hay mayor afinidad entre las minorías étnicas, entre ellas la haitiana y dominicana residentes en Boston y en ciudades vecinas

En ese estado se ha hecho popular entre los demócratas y aliados tradicionales, las organizaciones de masa, una página web en Facebook auspiciada por la senadora de origen haitiano, Linda Dorcena Forry, que sí llama a los turistas a cancelar sus viajes a la República Dominicana y en cambio hacerlo hacia Haití.

La base de votos de la parlamentaria está en una amplia faja del sur de Boston, atestada de una amplia diversidad étnica integrada por afro estadounidenses y afro caribeños: dominicanos, jamaiquinos y haitianos.

El alcalde de Boston, Martin Walsh, a través de su portavoz Alejandra St. Guillen, también respaldó la iniciativa de la senadora. Después de manifestaciones en contra y a favor del boicot, Walsh se retractó de la declaración y negó que haya respaldado el boicot contra la República Dominicana.

Pero donde diferendo dominicano-haitiano ha repercutido con mayor fuerza es en la bancada demócrata del parlamento, confrontando a aliados claves que tienen en común una amplia agenda local y nacional que incluye lograr la legalización de una docena de millones de indocumentados, millares de ellos nativos de esas naciones.

El tema, llevado al conocimiento de los grupos comunitarios de Boston por Dorcena Forry, fue de inmediato objeto de comentarios críticos contra el gobierno dominicano, por parte de activistas liberales que lograron movilizar a legisladores demócratas y otros funcionarios electos.

Sin embargo, el cabildeo de dirigentes del PLD, en especial el ex cónsul en Boston, Dominico Cabral, con viejos vínculos con movimiento comunitario estatal, logró balancear la opinión general que se tenía en la zona sobre el conflicto que afecta a la antigua Isla Hispaniola.

Y como contraparte de la senadora haitiana-americana, apareció en el debate Frank Morán, un joven representante igualmente demócrata de Lawrence, una ciudad con una población de 60,000 habitantes ubicada en el noroeste de Massachusetts donde la mayoría de sus funcionarios electos y gran parte de la población son dominicanos como el legislador.

Aunque dejó bien en claro que se opone al boicot auspiciado por la senadora demócrata, Morán dijo al Boston Globle: “tenemos que encontrar una solución, para no añadir más leña al fuego”, un tono contemporizador que podría entenderse como una recomendación a los funcionarios electos—casi todos en permanente reelección cada dos años — que se aventuran a transitar el nebuloso camino de la política en que el proselitismo suele confundirse con patriotismo.

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