La tercera puerta

Pasaban minutos de las cuatro del lunes seis, cuando abrí la puerta de la calle que da acceso al Comisionado Dominicano de Cultura, subí por unos escalones empinados de hierro, con aspecto áspero como si estuvieran construidos con los restos de un barco de piratas. Pronto llegué a la cima, hice un giro a la derecha para entrar al baño, la primera puerta es para damas y estaba abierta, desde el pasillo escuché un chorro que parecía el de una mujer joven que orinaba con emoción.

Pasé al de los varones y no había nadie, me bajé la cremallera de prisa y empecé a disfrutar el placer de una micción voluntaria. Terminé, me lavé las manos y las sequé con el aire tibio de un aparato que está pegado de la pared. Retorné por el pasillo, hice una izquierda, miré donde está la puerta de pasar a la oficina ejecutiva donde se maneja la cultura dominicana en Nueva York. Estaba cerrada, toqué y desde adentro una voz que no pude identificar, me dijo “adelante” y la abrí.

Mi primer contacto visual fue con Benjamín García y José Acosta, estaban casi al fondo trabajaban intensamente y por un momento sentí que los estaba interrumpiendo. El encuentro fue efusivo y sin desperdicios como siempre, en pocos minutos hablamos de temas que me embriagan, los dos son anfitriones de lujo. Benjamín que es arquitecto, locutor, escritor y muchas cosas más, amable, caballero y culto con fina educación. Es como decía mi papá, una “dama de hombre”.

Su sentido del humor, sabiduría y buen trato despiertan el deseo de encontrarlo todos los días. Me expuso su teoría de la “lógica invertida” que más o menos son cosas que se hacen de una forma aquí y se aplican a la inversa en la República Dominicana, todo lo que dijo me convenció porque es una realidad dolorosa que estorba el desarrollo del país y nos preocupa a los que vivimos en el Primer Mundo.

A José le dejé saber mi admiración por su talento de escritor y que él pertenece a un iluminado grupo de creativos que no requieren de un “tabaco de marihuana” para poner a volar su imaginación. Cómo no decirle esto después de leer su libro “Los derrotados huyen a Paris”.

En medio de la camaradería con Benjamín y José, salió a mi izquierda desde la profundidad del salón, el Comisionado Carlos Sánchez, de lejos me empezó a saludar y sentí que se alegró con mi presencia, abrió una puerta que quedaba en mi espalda y me invitó a pasar. Quedé deslumbrado con lo que vi, era una moderna sala de teatro, nuevecita con butacas rojas y un decorado espectacular, no podía creer lo que estaba viendo. Me mostró la forma ingeniosa de manejar las cortinas para esconder un piano, le presté atención milimétrica a las correderas que facilitan la transformación del espacio.

Carlos, “esto está hecho por los gringos”, sabía que aquí son “gandidos” pero no tanto; le dije en broma. Continuó describiéndome la utilidad y comodidad de la instalación. Apuntó al techo negro cubierto con unidades de luces LED para su iluminación, tiene micrófonos boom en dirección a las tablas para amplificar las voces de los actores y actrices.

Regresamos a la parte por donde entramos, me explicó que la sala tiene 132 butacas, que buscará un patrocinador para cada una. Pude notar que varias ya cuentan con el nombre de un colaborador. En la conversación manifestó que debía hacerle una ligera corrección a la sección de los asientos de la derecha moviendo una estructura de madera hacia la pared para fines de utilizar mejor el espacio, cuando me explicaba el proceso sonó un bocinazo desde la calle 145, ahí me dijo que le pondría aislantes de ese lado y en el otro lateral para que no penetren las adoraciones de una iglesia evangélica que está puerta con puerta con el auditorio. Comentó que se prohibirá ingerir comidas y bebidas dentro del lugar para prevenir posibles daños accidentales a los asientos.

Me recordó una masturbación mental que gravita como un cohete perdido en el espacio de mi cabeza, de ver un día un grupo de música dominicana en el Subway, interpretando bachata o merengue para que otra gente conozca nuestro folclore. Eso se lo había planteado en una reunión que hizo con la prensa para hablar de su proyecto de hacer una gran gestión. Esa vez prometió hacer un “corredor cultural” con fines de proyectar la cultura dominicana, y que si no hacia lo que prometía se lo podíamos echar en cara, por eso me tomo la libertad de reclamarle que el corredor todavía no arranca. Me contó que tiene previsto hacer una videoteca para guardar la memoria visual de su institución y mucho más.

Nos movimos unos pies a la izquierda y en ese instante apareció Benjamín, me brindó un vaso de agua que hasta la fecha de este verano es el vaso de agua más fresco y delicioso que he probado porque lo disfruté en medio de una sed demoledora, se lo agradecí en el alma y se retiró con la gentileza que lo caracteriza. Aproveché el interludio del vaso de agua y le dije; Carlos, vine a solicitar el Comisionado para hacer el acto de lanzamiento del periódico “Primera Plana”. Sí… ah…eh… miró el piso y me dijo; habla con Franklin.

Llegó el momento de salir y casi cuando poníamos un pie fuera de la nueva casa del teatro en Nueva York, miró a la izquierda y abrió la puerta de un pequeño cuarto de control donde hay un proyector, una consola de audio, una para luces y otros aparatos. Cuando terminó de mostrarme el equipo, me pasaron unos nubarrones en cámara lenta. Veía a Cirilo Moronta el de un restaurant que está ubicado en el área recién bautizada como el “Boulevard de los Sueños Rotos”. Su rostro se escondía en su cara como si adivinara que Darío Abreu y Yo le haríamos una emboscada para conseguir gratis o por poco dinero un espacio en su negocio. Después que nos saludó lo observé cuando desapareció y nunca volvió por donde estábamos sentados. Regresé otro día con Darío y tampoco tuvimos suerte, lo llamamos y nunca respondió, ya cansados de ir tras el influyente hombre de negocios, tipificamos el caso como la primera puerta que se le cerró a Primera Plana.

Seguí aturdido viendo esa película que me desconcertaba y apareció Víctor Rijo, el que maneja el South Beach, me embriagó su amabilidad y la forma ágil que brega con los números de una calculadora atropellada por las yemas de sus dedos, el mensaje corporal mortal que me envió cuando le propuse intercambiar por publicidad una parte del dinero que nos cobraría por dejarnos presentar a “Primera Plana” en su famoso negocio. Escuchaba su voz en forma de eco cuando nos dijo ese viernes; consultaré con Félix para ver qué me dice, me llaman el lunes. Lo llamamos y no respondió, lo volvimos a llamar y tampoco apareció. La insistencia sin éxito nos hizo pensar que la segunda puerta se había cerrado.

Carlos y Yo terminamos de salir de la sala de teatro Rafael Villalona, ya de regreso al mundo real, cuando el telón había bajado. De nuevo en el lugar donde me recibieron Benjamín y José, continuamos la conversación y retomamos la teoría de la “lógica invertida”. Cuando hicimos un punto y aparte en el tema, le pregunté ¿Quién es Franklin?, me indicaron el cubículo donde se encontraba y llegué hasta él, se sorprendió cuando me le acerqué, estaba devorando unas galleticas, paró de comer, las acomodó en el escritorio se sacudió las manos en forma de aplauso y me dijo de forma fría y casi marcial; “espéreme en aquella mesa”.

Obedecí la orden y casi al instante, apareció y se sentó frente a mí. ¿Qué es lo que desea? Me preguntó. Le explique que había ido a solicitar el Comisionado para hacer la presentación de un periódico digital y que me habían dicho que él era la persona encargada de ese asunto. En seguida sacó una tarjeta de presentación y le escribió la dirección de un correo electrónico para que le hiciera la petición por esa vía, luego debía llenar un formulario con la solicitud formal y volver a depositarla en su oficina. Así fue el encuentro, le agradecí su atención y nos paramos al mismo tiempo, él volvió a su lugar de trabajo y Yo retorné donde Benjamín y José a despedirme con abrazos.

Salí haciendo reflexiones sobre la burocracia en las oficinas gubernamentales, la ignorancia de los servidores públicos que nunca entienden que ellos y su familia comen con el dinero que aportamos los contribuyentes. Le hice un perfil a la personalidad fría y ordinaria del que me atendió, leí en sus ojos y en sus labios que puede ser una persona honesta, ordenada y trabajadora, pero a la vez con actitudes heladas como el congelador donde guardan los cadáveres en la morgue, sin conexión adecuada para el trato social, con lenguaje económico y poco comunicativo parecido a los monosílabos que usaban los militares Imbert Barrera y Lajara Burgos. Una mezcla confusa entre las personalidades del Ayatollah Jomeini y Mahatma Gandhi.

Pensaba que los contribuyentes debiéramos tener el derecho a orinarle en la cara a los empleados del gobierno cuando nos amargan la vida haciéndonos tragar sus caprichos a la mala y sin anestesia. Iba pensando que el Comisionado lo pagamos con nuestros recursos y que Yo como accionista de esa oficina, también le pago para que me jodan, y por nuestros aportes por lo menos debiéramos tener derecho de uso. Luego terminé de bajar los escalones negros que parecen de un barco pirata. Antes de salir recordé lo que me dijo Juan el bodeguero haciendo gala de su buen sentido del humor, que aquí las únicas palabras que te ayudan a abrir puertas son “pull y push”.

Cuando no había terminado de dejar el último escalón se me cruzó una paradoja incómoda, fue una imaginación fugaz que me hizo pensar en el dueño de la idea de hacer una sala de teatro de lujo en un edificio que se está cayendo a pedazos.

Ya en la calle caminé hacia el Este a tomar el tren, cuando llegué a la parada bajé los escalones y de inmediato llegó el express. Entré pensando en lo que le iba a escribir a Franklin, coordinaba en mi mente una réplica exacta de lo que ya le había contado. En poco tiempo llegué a casa, fui a la computadora y le escribí un escueto mensaje solicitándole un espacio para la presentación de “Primera Plana”. Al otro día martes no me respondió, el miércoles tampoco lo hizo y en horas de la tarde lo llamé, me dijo que aun no me tenía una respuesta, que el jueves antes de las tres me avisaba. Ese día tampoco me dijo nada.

En medio de la espera le comenté a Darío que el único inconveniente que íbamos a tener en el Comisionado era que no podíamos hacer brindis, que los vinos y los demás comestibles lo tendríamos que ofrecer en el pasillo si es que lo permitían como antes. Acordamos que la próxima llamada a Franklin se la haría él, así lo hizo el viernes y nuestro contacto le volvió a repetir la misma dosis. Eso fue suficiente para pensar que no tendríamos éxito en ese lugar.

Darío lo volvió a llamar y le dijo que pronto le daba una respuesta pero que no le aseguraba que era positiva. Ese fue un “no” anticipado.
Lo dejamos descansar hasta el lunes 13 a las 5:47 cuando volví a marcarle seguro de que me daría una respuesta negativa, pero debía enterarme oficialmente. “Buena tarde Franklin”, soy Luis Alfredo, lo estoy llamando para ver si nos tiene una respuesta sobre la solicitud que le hicimos. Me respondió con un “buena tarde, lamentablemente no vamos a poder prestarle la sala este mes de julio, estamos planificando los trabajos de la feria, no tenemos espacio disponible para este mes.

Respiré profundo, me hice el pendejo y le pregunté… ¿Y la feria es ahora en julio? La feria es en septiembre me respondió. Gracias de toda forma, de esa manera me despedí. Era la tercera puerta que nos cerraban.

Cuando terminó la conversación por teléfono me serví un café orgánico, entre sorbos hice una regresión en el tiempo, devolví el calendario hasta las aventuras de Kalimán, mi héroe y el del niño Solín, de él aprendí que “Solo el cobarde muere dos veces” y que “Siempre hay un camino cuando se usa la inteligencia”. Mi héroe además de esto era tierno con los niños, galante con las mujeres, caballero con los hombres e implacable con los malvados.
Después de ese episodio he reflexionado sobre muchas cosas que valen la pena cuestionar. Creo que no fue un trato cordial ni sincero, fue un “asqueroseo” estúpido sin razón ni justificación. No tenían que entretenernos por ocho días para hacernos perder el tiempo, eso debieron resolverlo al día siguiente porque de antemano sabían que no lo iban a prestar. Una respuesta negativa pero con argumentos creíbles me habría evitado escribir estas cosas y recordar la prolífica lexicografía de mi tío Guanche cuando alguien lo molestaba, por pendejadas menores que ésta le decía a cualquiera; “baña perro”, “arrastra funda”, “gato e yarda” y “pedazo e mierda”. Claro, que esto yo jamás se lo diría a nadie, mucho menos donde se maneja la cultura dominicana.

Entendemos que un periódico, no es teatro, arte o literatura en el sentido prudente de la palabra, y a lo mejor no conecta con el concepto del lugar, pero sí es el medio donde se proyecta todo esto. También comprendemos que tal vez no es el evento deseado para correr el telón antes de cortar la cinta inaugural de la “Sala de Teatro Rafael Villalona”.

Si esta fue la razón debieron hacernos un buen cuento, pero jamás salirnos con uno vaquero, que no lo cree ni el que lo inventó. Esta actitud del “codocul” me sigue martillando la cabeza, por más que quiero no acabo de entender la razón de esa comedia que hicieron con nosotros. Para que tengan una idea, el año pasado en el mismo mes de julio cuando se planificaban los trabajos de la feria del libro, se realizaron seis eventos entre los días 10, 16, 18, 23, 26 y 30, es decir lo de Franklin fue una excusa infantil que insultó nuestra inteligencia.

Esto me ha hecho recordar a Josefina Álvarez, la distinguida dama que trabajaba en esa oficina, ella era el rostro y la imagen del Comisionado, ella en lugar de Franklin nos bajaba la bandera media asta y nos soltaba un “no” tierno y con elegancia. Pero fue despedida en noviembre por “conflictiva”. Si me hubiese tocado ser jefe para sacarla de su empleo, lo justificaba de otra forma. La acusaba de negarse a aplastar una mosca con un periódico envuelto o de rehusar darle un zapatazo por pena a un “bigañuelo” que salió de una caja de libros. Estos argumentos tienen más peso que llamarle “conflictiva” a una mujer tierna, delicada y de personalidad suave, famosa precisamente por eso.

Pero bien, contra viento y marea, éste sábado 25 de julio, con tres puertas cerradas abrimos una gigante de par en par, para todos. Una puerta grande para que entren las comunidades, las instituciones, las autoridades, los grupos étnicos, religiosos, políticos, profesionales y de género.
Autor: Luis Alfredo Collado

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