El uso de marihuana sintética tiene en alerta a las autoridades

NUEVA YORK/PP – Con olor a fresa o sandía y un aspecto similar a la marihuana, el “spice” o “K2” es una de las drogas sintéticas más consumidas por los estadounidenses; esta peligrosa sustancia es anunciada como “incienso” en coloridos paquetes.

El precio del “K2” o “spice” es de unos 25 dolares por paquetes de tres gramos y medio. Según Chávez, uno de los portavoces de la Agencia Antidrogas de EEUU (DEA).”No basta llegar a una tienda y decir quiero un gramo de ‘spice’. Existe un código”, que el comprador debe conocer para poder conseguir esta sustancia en bodegas y “Smoke Shop”.

El consumo de esta droga comienza en jóvenes de 12 a 16 años y se extiende hasta ancianos y no distingue entre zonas rurales o grandes centros urbanos, como Los Ángeles o Nueva York.

Los efectos secundarios por el consumo de esta droga sintética van desde: vómitos, espasmos, alucinaciones hasta episodios psicóticos, indicó Eduardo A. Chávez.

Durante los primeros ocho meses del 2015, los centros de control de intoxicación y envenenamiento de EEUU han recibido más de 5.700 llamadas de urgencia para pedir información sobre cómo actuar ante una sobredosis de “K2” o “spice”, una cifra superior a la de 2014, cuando 3.682 personas llamaron a estos centros, según datos oficiales.

Las autoridades en Nueva York han declarado la guerra a la llamada marihuana sintética, que apareció en Estados Unidos en el 2008, es un producto difícil de controlar  que ha causado muertes; en Nueva York ha habido un aumento en los pacientes bajo los efectos de esta droga, y aunque en un 90 % son adultos, hay jóvenes entre los 12 y 22 años en rehabilitación por el uso de este químico.

Los fabricantes de “K2” o “Spice” utilizan hojas secas de damiana (una planta legal que crece en Centroamérica, México y el Caribe) que mescla con sabores sintéticos y sustancias químicas, que consiguen por internet y son importadas desde China, camufladas como “vitaminas” o “tinta para impresora” para de este modo esquivar los controles aduaneros de los puertos de Los Ángeles o San Francisco y aeropuertos, como el John F. Kennedy de Nueva York.

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