Un Estado sin dolientes


 Reportaje

Por Alejandro Almánzar

Para Primera Plana New York

Si en algo ha sido coherencia la clase política dominicana es en el manejo de las cosas públicas. Todos han coincidido en echar al fuego el dinero de los contribuyentes, haciendo negocios que sólo el grupito de siempre sale beneficiado. También coinciden en el hurto a los bienes del Estado desde tiempos inmemoriales.

Por eso, el Estado no sólo ha carecido de normativas legales que fortalezcan la institucionalidad, si no, que grupos de poder se empeñan en degradarlo como fórmula que les garantiza impunidad. Entre sus cómplices, el desastre social, económico y político tiene a sus mayores exponentes, a poderosos con Corso para hacer con los recursos de los ciudadanos lo que les da la gana sin recibir el menor castigo.

Una historia vieja

En la República Dominicana existen por doquiera los denominados cementerios, que cualquier incauto pensaría se trata del lugar escogido para depositar los despojos de desencarnados. Pero no, hablamos de espacios donde son depositados vehículos como, aviones, helicópteros, equipos médicos, agrícolas, escolares, y de tantos otros renglones de la administración pública, ante la mirada indiferente de una sociedad, incapaz de exigir respeto por sus bienes.

Hoy que nos venden la idea de tener el Metro más moderno del mundo, construido por Leonel Fernández, empecemos por la historia del ferrocarril en La República Dominicana. Fue el primer negocio lucrativo de Ulises Heureaux, inaugurado en 1887, recorriendo desde La Vega hasta Sánchez. El 15 de Agosto, de 1897, este medio masivo de carga y pasajeros unía a Santiago con Puerto Plata. Luego, el presidente Ramón Cáceres, enlazó a la Hidalga Ciudad con Moca.

Su destino final

Al poco tiempo, reportes de prensa de la época en Santiago, denunciaban retrasos del tren, porque este se averiaba donde quiera, incluso en lugares pantanosos, donde al decir de Ramón F. Fondeur, las sanguijuelas atacaban a quienes debían bajarse del aparato en medio de una ciénaga por donde transitaba. Sin un amplio ejercicio mental, llegamos a la conclusión de que, la falta de mantenimiento y la corrupción lo arruinaron, dejándolo inservible para el resto de sus días.

Locomotora

Locomotora: Foto de archivo

Pero esto tampoco fue obra del azar, su ruina significó abundancia para los políticos de entonces, por lo que nadie dudaría que su ruina haya sido inducida por quienes siempre han tenido al Estado como vía de enriquecimiento, a costo de la pobreza de las mayorías. Ya acabado y abandono, fue desmantelado por partes, hasta llegar a su desaparición total.

Ante la mirada cómplice de un ciudadano indiferente, la máquina esta que dormía el sueño de la indolencia estatal sobre sus rieles, un día desapareció sin dejar rastro, pues su vía férrea también fue arrancada de cuajo tomando destino desconocido. A los muchos años, el país se enteró que los rieles cibaeños habían sido trasladados a Haina, donde construía Trujillo su emporio azucarero, y sería ingenuo pensar que la Maquina no haya corrido la misma suerte. Igual destino corrieron los cientos de kilómetros de esta pesada armadura terrestre, desde la Vega hasta Sánchez, y en la conciencia de los pobladores de Santiago, La Vega, Puerto Plata, Moca, Sánchez y Samaná sólo quedó memorizado el ruido y el pitar de su locomotora.

Por eso, no nos sorprendería si en unos meses nos encontramos con los vagones del moderno Metro de Santo Domingo haciéndoles competencia a las guaguas de ONATRATE y la OMSA, en un improvisado cementerio de chatarras. Es sabido por todos, que el país carece de un proyecto de nación, donde con cada gobernante, tenemos un país nuevo, con políticas diferentes. Ya vimos que al actual mandatario hubo que rogarle para continuar la extensión del Metro, pues ese no es un proyecto del Estado, ni mucho menos suyo, si no, de Leonel. Es fácil comprobar eso, para construir cuatro kilómetros de la segunda línea en la zona Este, de la capital, se ha llevado casi su periodo entero, porque los recursos son entregados a regañadientes, vamos bien.

CDA

¿Recuerdas estas tres letras? No, como sé las has olvidado, se las deletreo. «Compañía, Dominicana, de Aviación». Fundada, el 4 de Mayo, de 1944, en el entonces Aeropuerto Andrews, enclavado en Santo Domingo, si mal no recuerdo, donde está la Cruz Roja Dominicana, sector La Esperilla, y donde hay una torre altísima de una institución bancaria, por la Avenida Kennedy. Fue trasladada al Aeropuerto Internacional de Las Américas, cuando lo construyeron en 1959, con vuelos nacionales e internacionales, convirtiéndose en nuestra Línea Bandera Nacional, que orgullosamente surcaba los cielos. Carcomida por el cáncer de la corrupción, en 1995 entró en estado de coma, y en 1999 fue su funeral, nació en el corredor de la dictadura, y pereció en el descuidado intensivo de la «democracia».

La imagen que le muestro a continuación fue lo que me movió al presente trabajo, gracias al Blog de noticias, Santiago 30 Caballeros. De ella sólo queda su historia, los que se hicieron ricos en su nombre, y este vestigio, como la marca indeleble de la indolencia del Estado, y la inequívoca actitud de políticos, empresarios y militares cómplices de su desgracia.

El Jet de lo que fue la Compañía Dominicana de Aviación. Foto: Santiago 30 Caballeros.

Un Jet de lo que fue la Compañía Dominicana de Aviación.
Foto: Santiago 30 Caballeros.

Entendidos en la materia sostienen, la «vida útil de un avión comercial o de pasajeros» supera los treinta años, y otros afirman que a estos aparatos no lo retira la edad, siempre que estén asistidos de buen mantenimiento, que su salida de servicio por lo regular se relaciona con la economía de combustible, pues en los aviones modernos el consumo cada vez es más reducido, transfiriéndose en beneficio para las compañías.

Y si analizamos el fenómeno Cuba, con más de 50 años de un bloqueo económico, impedida de adquirir nuevos equipos para su Cubana de Aviación, aceptamos como verídicos estos juicios, pues sus aviones viejísimos surcan los cielos en excelentes condiciones, mientras este aparato que se observa en la grafica muestra que fue abandonado sólo por carencia de dueños.

ONATRATE

A esta sí la recuerdan, creada mediante el decreto 1260, emitido por el presidente, Silvestre Antonio Guzmán Fernández, el 17 de Octubre, de 1979, para brindarle servicio de calidad, y a buen precio al pueblo. Pretendía acabar con el caos en el transporte de pasajeros que mantenían los sindicatos de choferes, pero esos mismos intereses, combinados con la corrupción de sus administraciones se interpusieron, y como recuerdo imborrable sólo nos dejaron esta triste imagen.

Uno de los tantos imprivisados depositos de chatarras.

Uno de los tantos imprivisados depositos de chatarras.

En esos cementerios de chatarras queda estampada el tipo de dirigentes que hemos tenido los hijos de Duarte al frente de las cosas públicas. Pero es, que debe ser el único Estado donde el ciudadano muestra desprecio e indiferencia por sus bienes. Cuando el Estado tiene dolientes, los ciudadanos enfrentan a cualquier desaprensivo que intente adueñarse o hacer mal uso de los bienes públicos. En cambio, en La República Dominicana, es común oír a la gente decir, «déjalo, eso es del Estado», !vaya conciencia ciudadana!

Este avión que duerme el sueño de la eternidad en una pista de maleza en Puerto Plata, nos dice mucho más que eso. Desnuda la realidad que nos mantiene en la pobreza, pues a pesar de las décadas que hace de la desaparición de la Línea Bandera Nacional, todavía éste conserva un esplendor, que ni siquiera el abandono ha podido arruinar.

Que si la clase política respetara al país, este aparato estaría todavía dando provechos económicos, haciendo vuelos locales, de carga o al servicio de turismo interno. Ojalá, algún empresario de Puerto Plata, gestione comprarlo, y usarlo como museo en un área turística, resaltando la historia de nuestra primera Línea Aérea Nacional, su primer vuelo, y la cultura dominicana.

Convertirlo en un bar restaurant en el Malecón de Puerto Plata, ya sabemos que alguien se hizo rico vendiéndolo por piezas, y el país tiene que conformarse con saber que allí duerme bajo la complicidad política de quienes han tenido al Estado como el mejor negocio.

¿Era necesario dejar en el olvido a esta aeronave por problemas mecánicos? ¿No era más prudente venderlo para recuperar algo de lo invertido del dinero del pueblo? ¿Cuándo el Congreso Nacional se dignará en legislar para que los administradores de los bienes públicos sean responsables penalmente de sus destinos? ¿Habrá alguna autoridad llamado al responsable de parquear a este legendario Jet de la CDA en este monte donde agua, sol, y salitre lo privaron de alzar vuelo? ¿No fue provisto de un seguro al comprarlo que garantizara su reparación y mantenimiento cuando lo ameritaba?

Ante el descalabro de las propiedades públicas, la ciudadanía debe reaccionar y exigir respeto por sus bienes, de lo contrario, nunca saldremos de la pobreza. Este vestigio de lo que fue La Compañía Dominicana de Aviación, así como la proliferación de cementerios de autobuses destartalados, comprados con el dinero del pueblo, demanda de una seria reflexión sobre el proceder de los políticos nuestros.

En el Canódromo del Higüero, creo ya no queda espacio donde colocar autobuses, minibuses, camiones y carros, todos comprados con fondos del Estado. El país no cuenta con una institución que vele celosamente por las obras públicas, como tampoco por los bienes del Estado. Existe una Defensoría del pueblo, que nadie sabe en qué o de qué nos defiende. Vehículos hechos chatarras por falta de una pieza mecánica. Equipos comprados en dólares para hospitales, y allí son lanzados por cualquier pequeña avería.

En La Caoba, creo que todavía se puede palpara de lo que fue ONATRATE, donde autobuses de todas las marcas fueron abandonadas. La OMSA le sustituyó, y según nos cuentan ha corrido con igual sino. Autobuses parados por neumáticos, lo desarman quitándoles espejos, baterías y si la transmisión de una se daña, se la quitan a esta, hasta dejarle sólo el caparazón, como de seguro habrá sucedido con este avión de la bien recordad CDA.

Este trabajo tiene el propósito de que hagamos conciencia sobre el particular, porque si hablamos del CEA, INDRHI, Obras Públicas, Salud Pública, Educación, estas instituciones no deben continuar adquiriendo equipos que luego terminan en la basura, como si hubiesen sido regalados al Estado. En provincias encontramos construcciones abandonadas desde Horacio Vásquez, como el mayor desprecio al dinero de un Estado sin dolientes.

Fuente: Archivo Histórico de Santiago, República Dominicana.

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