Los tunecinos temen un porvenir negro para el turismo

AFP/ Túnez/ 27 de Junio de 2015

En la medina de Susa, Alí Soltani hojea un diario tratando de entender cómo pudo ocurrir el sangriento atentado que costó la vida el viernes a 38 turistas en un hotel de la región. “Ya no hay esperanza. Es un golpe mortal para el turismo”, se lamenta este comerciante.

Al menos 38 personas, entre ellas un gran número de turistas británicos, murieron el viernes asesinadas por un estudiante tunecino que, haciéndose pasar por un veraneante más, entró en la playa de un hotel en la estación balnearia de Port El Kantaoui, a unos 20 kilómetros de Susa, y abrió fuego indiscriminadamente.

La matanza, reivindicada por el grupo Estado Islámico (EI), ha conmocionado a los tunecinos y hace temer que numerosos habitantes de Susa, gran ciudad turística del centroeste del país, que se avecinen años negros para este sector vital de la economía tunecina, que da empleo a 400.000 personas.

“Todavía no asimilo lo que pasó ayer”, confiesa Soltani. “Es más que una catástrofe, ya no hay esperanza para los próximos años”.

“Ya no tengo ganas de trabajar. Desde ayer, nos miramos como estúpidos sin poder hacer nada. ¡No estamos acostumbrados a estas matanzas!”, añade Kamel Ben Sadok, artesano del cuero.

Muchos siguen incrédulos por ver el país golpeado por atentados sangrientos contra civiles extranjeros, dos veces en tres meses. El 18 de marzo, 22 personas (21 turistas y un policía tunecino) murieron en el museo del Bardo, en Túnez, a manos de dos jóvenes armados. El EI reivindicó también ese ataque.

“Hace mucho daño. Aún nos estábamos recuperando del Bardo y recibimos otro golpe aún más fuerte”, lamenta Alya, habitante de Susa.

– ‘¿Pasar unas vacaciones o morir?’ –

Muchos dicen comprender que los turistas eviten Túnez durante un tiempo.

“En su lugar, yo no pondría los pies en Túnez en esta época. Es normal que se marchen del país después de esta catástrofe. ¿Vienen aquí para pasar unas vacaciones o para morir?”, aduce Imed Triki, otro comerciante.

A su juicio, lo que ocurre en Túnez es “el resultado de una situación caótica en todos los sectores desde la revolución” de enero de 2011, que acabó con la dictadura de Zine El Abidin ben Ali.

“Basta ver el comportamiento de la gente en la calle, los políticos en los platós de televisión y los funcionarios en las administraciones, para constatar que nada funciona en el país: ni la seguridad, ni la economía ni la política”, dice con amargura.

De costumbre, decenas de turistas visitan cada día su tienda, pero “desde ayer (viernes), esto es el desierto”. “No son los tunecinos los que van a salvar la temporada turística y los turistas van a evitar venir durante un largo tiempo”, suspira el comerciante.

En la medina, pocos turistas visitaban las tiendas el sábado por la mañana.

“Me quedan tres días en Túnez y he decidido no ir a la playa por precaución, pero quiero acabar mis vacaciones, pese a las llamadas y la presión de mi familia para que regrese”, explica Merry, una británica acompañada de su marido.

A pesar del atentado del viernes, decenas de tunecinos disfrutaban el sábado del mar y la playa en la zona turística de El Kantaoui, aunque no se veía ningún extranjero entre ellos.

“Los pocos que quedan están en el hotel, no quieren salir más que para el despegue del avión”, explica Salen, que trabaja en un hotel cerca del lugar de la masacre.

Las agencias de viajes comenzaron el viernes a evacuar a sus clientes, como la belga Jetair, que informó de la repatriación de 2.0000 ciudadanos de ese país, o el touroperador Thomson, que anunció el envío de 10 aviones para repatriar a 2.500 turistas británicos, así como la anulación de todos sus viajes a Túnez para la semana próxima.

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