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Los papas en silencio: ¿por qué Francisco y Benedicto XVI no responden las acusaciones que dividen la Iglesia?


EL VATICANO (CNN) – Uno rara vez deja su monasterio en lo alto de una colina en Ciudad del Vaticano. El otro habla libremente, con demasiada libertad, dicen los críticos, pero ha prometido silencio sobre este asunto, por ahora.

Son dos hombres, ambos vestidos de blanco, ambos llamados Santo Padre por los católicos, y ahora, ambos enfrentan preguntas sobre una faceta crucial de la crisis de abuso sexual de la Iglesia católica: ¿qué sabían ellos y cuándo lo supieron?

En medio de la avalancha de noticias sobre el escándalo, puede ser fácil pasar por alto la novedad histórica y el alto drama de este momento en la vida de la Iglesia: por primera vez en 600 años, hay dos papas vivos, uno jubilado y otro activo, cuyos destinos pueden estar entrelazados, incluso cuando muchos de sus seguidores están en desacuerdo.

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Ha pasado casi un mes desde que un exdiplomático papal publicó una carta dramática en la que afirmaba que había “redes homosexuales” y encubrimientos generalizados dentro de los niveles más altos de la Iglesia Católica.

El diplomático, el arzobispo Carlo Maria Vigano, exigió que el papa Francisco renuncie por supuestamente levantar las sanciones que su predecesor, el papa emérito Benedicto XVI, había impuesto a un cardenal estadounidense acusado de conducta sexual inapropiada.

Si esas sanciones realmente existieron es una pregunta que Francisco y Benedicto parecen excepcionalmente calificados para responder. Pero ni el académico alemán de 91 años ni el jesuita argentino de 81 años han dicho una palabra sobre eso.

Los partidarios de ambos papas analizan su silencio en términos espirituales, formas de disciplina y fe en que la verdad se revelará, eventualmente. Otros dicen que Benedicto y Francisco son reacios a caer en una pelea de lodo con un exempleado. Algunos se preguntan si también pueden estar en juego estrategias más mundanas, como la autopreservación.

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Mientras tanto, muchos católicos claman por respuestas, ansiosos de que el escándalo, con sus muchas preguntas preocupantes, marque irremediablemente la reputación moral de la Iglesia y socave la confianza en sus líderes.

Desde la abdicación de Benedicto en 2013, los dos papas han evitado imágenes incómodas o disputas públicas.

Pero en Estados Unidos y más allá, los conservadores consideran a Benedicto como una balsa salvavidas en un mar de relativismo moral. Francisco es amado por los liberales por su mentalidad reformista, su enfoque en la pobreza y la apertura a nuevas ideas. Aunque a muchos católicos estadounidenses les gusta Francisco, su popularidad se ha desplomado en el último año, según una encuesta reciente de CNN.

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