Más de 22 mil presos dominicanos en EE.UU.

Por Alejandro Almánzar y Darío Abreu.- En busca del sueño norteamericano, dominicanos emigran hacia Los Estados Unidos después de la muerte de Trujillo. Desde finalizada la tiranía en 1961, hombres y mujeres han tomado a esta nación como su segunda patria, específicamente a la ciudad de New York.

Esos primeros inmigrantes dejaron su mejor sello como referencia de dignidad y decoro del dominicano, pues empresarios y comerciantes de todas las nacionalidades preferían tener como su empleado y persona de confianza a un dominicano por su reputación de personas íntegras. Pero como todo en la vida, el mundo cambió y la gente nuestra no se quedó atrás, cambió y con eso algunos individuos dejaron de lado valores y buenas costumbres para adoptar otros que a muchos avergüenzan con su accionar.

Los presos

No por otra cosa en este país tenemos relativamente más dominicanos presos que en la República Dominicana. Una reflexión que preocupa a la comunidad dominicana en esta urbe, pues más del 70% de ellos guardan prisión por violar leyes y normas establecidas en esta gran nación del Norte, siendo la mayor causa el comercio ilícito, incluyendo el narcotráfico entre otros.

Entrevistados en su despacho, en el Departamento de Visa, del Consulado dominicano en esta ciudad de New York en el mes de Noviembre del año pasado, tanto el doctor Tamayo como la doctora, Delia Félix, dijeron que en ese momento teníamos en cárceles norteamericanas unos 22,500 prisioneros por diferentes delitos cometidos. Sus archivos mostraban además, que cada año son deportados aproximadamente 4,000 jóvenes de ambos sexo, después de cumplir la pena impuesta, o más de la mitad de su condena dictada por los tribunales de justicia.

Ese informe revelaba que el 80% ha ido a prisión por narcotráfico, el restante está relacionado con regresar al país luego de haber sido deportados, en un número muy reducido están privados de su libertad por casos de violencia domestica, asesinatos, robos y fraudes al Estado. Ambos funcionarios coincidieron en declarar como alarmante la población de muchachos presos en las cárceles estadounidenses.

Esta dependencia consular le da seguimiento a cada uno de los casos en su jurisdicción, buscando que se aplique una correcta justicia en cada uno de los casos, para lo cual disponen de un equipo de abogados que estudia sus expedients. Como parte de una labor social ejecutada por el Consulado dominicano a favor de los prisioneros, periódicamente les ponen en contactos con sus familiares en República Dominicana por la vía telefónica de forma gratuita, y agilizan su proceso de deportación para aquellos que así lo solicitan. sostuvieron.

Deportados

Por lo visto, es la condena más dura que las autoridades norteamericanas han logrado aplicarles a quienes les han violado sus leyes, pues la mayoría de ellos ya se han acostumbrado a la vida de esta gran ciudad, y se niegan a volver a convivir con lo que dejaron atrás muchos de ellos cuando eran niños o muy jóvenes.

Tamayo y Félix aseguraron que su panorama ha cambiado después que la Procuraduría General de la República creó una dependencia de deportados, quienes reciben un tratamiento humano al pisar tierra dominicana, donde ya no son vistos con el monstruo del “deportado” asesino o criminal, como siempre fue considerado el que era enviado en calidad de repatriado a su país. Esta dependencia, según los funcionarios citados, les ayuda a integrarse a la sociedad, obtener sus documentos de identidad, y la colocación en empleos.

A pesar de eso, su drama no puede ser peor, ya que, adaptados a una buena vida en las calles de Washington Hights o cualquiera otro condado de la urbe neoyorquina, al llegar a la cárcel adquieren conductas agresivas para poder sobrevivir en el sistema carcelario. Muchas veces hasta sus propias familias tienen dificultades para convivir con ellos, al decir de personas consultadas en ese respecto, y eso se debe a la vida de violencia que se vive en esos recintos penitenciarios, que en lugar de regenerar, degeneran a los privados de libertad.

De los 22,500 en las cárceles de aquí, cerca de 2000 prisioneros están en la antesala de la deportación. Al cuestionar sobre el proceso de deportación que algunos llaman es muy lento, los oficiales del sistema nos dicen que se trata de algo complicado, porque no todos los casos demandan una medida de esta naturaleza, y por eso cada caso tiene que ser bien revisado y determinado por las instancias competentes para evitarle demandas judiciales al Estado.

Esto sucede después que personas con categoría de ciudadanos estadounidenses fueron deportados, viéndose obligadas las autoridades a echar hacia atrás esas decisiones. Analizando un periodo de cinco años de deportados hacia nuestro país, nos encontramos con que alrededor de veinte mil han corrido esa suerte, y la noticia sobre el particular no es muy halagüeña, si partimos de la cantidad de presos que todavía aguardan en cárceles por una decisión judicial que los deje en libertad en calles estadounidenses o que los lleve de regreso a la tierra que un día los vio partir en busca del “sueño americano” convertido en una pesadilla.

Integrarse a la sociedad

Insertar a estos muchachos en la sociedad no es tarea sencilla, pues si traumático es el proceso por el cual pasan en sus andanzas callejeras de esta gran nación, no menos desconcertante es su paso por una cárcel, sobre todo, cuando se trata del sistema federal. A pesar de la puesta en vigencia de ese programa de ayuda por parte de la Procuraduría General de la República, la verdad es, que al llegar a una tierra ya prácticamente desconocida, rechazados en gran parte por el entorno, los hábitos adquiridos tanto en las calles del bajo mundo en el que se envolvieron en la Gran Manzana y reforzados en las prisiones donde los llevó sus andanzas, es casi imposible su adaptación a los valores practicados por la sociedad dominicana, de forma particular cuando se ven obligados a convivir en barrios llenos de muchas precariedades, donde el delinquir es la primera oferta que reciben si quieren rehacer sus vidas allí.

Esto así, aunque las autoridades sostienen que en muy pocos casos de delitos aparecen deportados involucrados. Pero la realidad es, que es un problema para la familia mantener bajo control a un muchacho que buscó hacer fortuna mediante métodos que los llevaron a la cárcel, y luego ir a vivir forzosamente en la tierra que lo vio nacer sin muchos recursos con los cuales dedicarse a actividades comerciales, pues la mayoría del dinero que estos logran obtener mediantes sus negocios ilícitos tienen que gastarlo en abogados, este dato lo obtuvimos de una persona que en varias oportunidades se vio envuelto en estos casos por narcotráfico, y que por ser ciudadano norteamericano no fue deportado.

Eso sugiere que el trabajo ejecutado por la dependencia oficial debe ser reforzado, para que a estos, durante un buen período de tiempo se les de seguimiento, insertándolos en programas educativos, y de preparación para impedir que sean rechazados al momento de buscar un empleo o hacer una profesión en escuelas técnicas o universidades.

El Consulado dominicano en esta ciudad de New York debería tener una más alta presencia en la comunidad para ayudar a las familias, para mediante programas orientar a esos jóvenes que muchas veces por falta de orientación se dejan arrastrar a acciones que indefectiblemente los conducirán a una cárcel. Una alianza estratégica entre las autoridades consulares y las organizaciones que representan a la comunidad podría bajar el número de dominicanos prisioneros en las cárceles de New York, y hasta cambiar la imagen de nuestros jóvenes que llegan confundidos y cargados de sueños que sólo creen poder realizarlos obteniendo mucho dinero, en lugar de optar por una buena educación que los conduzca a una importante Carrera profesional.

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