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Pujols, el mejor entre los latinos


SEATTLE (EEUU)- Albert Pujols era un predestinado. El batazo ante Mike Leake que acaba de convertirle en miembro del club de los 3.000 hits no es más que la ratificación de grandeza de alguien que apenas necesitó una temporada en las Menores para labrar su camino a la MLB, y que a sus 38 años de edad ve cada día más cerca el momento de develar su placa en Cooperstown.

Únicamente cinco jugadores nacidos en América Latina figuran entre las 32 leyendas que han alcanzado los tres millares de incogibles. Antes del dominicano, llegó su compatriota Adrián Beltré, y antes el cubano Rafael Palmeiro y el panameño Rod Carew, en una cuenta que comenzó en 1972 el puertorriqueño Roberto Clemente.

Pujols sobresale en medio de ese grupo. Ninguno de sus cuatro antecesores supera sus 620 cuadrangulares, sus 626 dobletes, sus 1.262 extrabases, sus 1.724 carreras anotadas ni sus 1.937 impulsadas. Desde que saltó al profesional en 1999, con un bono de apenas 60.000 dólares, ha venido labrando este camino con conexiones de todos los calibres, una rara combinación de poder y contacto que le llevó a ser campeón bate en 2003 y máximo jonronero en 2009 y 2010, cuando todavía era el terror de los lanzadores de la Liga Nacional.

Esa capacidad para sacar la pelota del parque hace que esta hazaña sea tan especial. En el club de los 3.000 imparables, apenas Hank Aaron, Alex Rodríguez y Willie Mays tienen más vuelacercas que él, y solamente Aaron, Rodríguez y Cap Anson acumularon 2.000 empujadas, como muy pronto tendrá el oriundo de Santo Domingo.

Ty Cobb, Stan Musial, Lou Gehrig y Barry Bonds quedarán en el camino, cuando redondee esa cantidad de remolques. Por ahora es noveno de todos los tiempos en ese departamento, y es séptimo en bambinazos, y undécimo en tubeyes, y séptimo en extrabases.

Pujols ha sido un prodigio de consistencia. Tanto bateó en sus mejores años, que su average global sigue siendo un robusto .304, a pesar de que el tiempo le ha pasado una factura que debió pagar tres veces con averages por debajo de .260 en los últimas cinco justas. Le llaman La Máquina por buenas razones. Únicamente una vez ha disputado menos de 143 compromisos en una temporada, y fue en aquel 2013 en que por una vez no pudo ser más que las lesiones.

“No presto atención a los números”, le dijo una vez a MLB.com. “Eso no está en mí. No me concentro en las estadísticas, no me enfoco en nada de eso. Lo mío es ver la bola, ayudar a mi equipo a ganar y, con suerte, poder hacer algo de daño allá afuera”.

Lo viene haciendo desde que tomó un madero en las manos y entró a un diamante como pelotero profesional. En 2000, luego de ser tomado en el draft del año anterior, fue el Jugador Más Valioso en la Liga del Medio Oeste, en Clase A media, y fue subido a Triple A para cerrar la campaña con otro premio, Jugador Más Valioso de la postemporada, llevando a los Pájaros Rojos de Memphis a la corona de la Liga Internacional.

Ni siquiera Miguel Cabrera pisó tan fuerte en sus inicios. Cabrera nació tres años más tarde y es el paleador que más se le parece hoy. Sus registros y cifras son casi exactos, cuando se hace el corte de lo logrado por el Príncipe Albert a la edad del venezolano.

El suramericano tiene 2.667 cohetes y debe ser el próximo latinoamericano en cruzar la línea de los 3.000, probablemente a finales de 2019 o inicios de 2020. Luego debe tocarle a Robinson Canó. Son los dos bateadores activos con más indiscutibles después de Pujols, aunque a Canó le restan casi 600 petardos, lo que debe demorar la fiesta hasta 2021 o 2022, si no ocurren imprevistos.

Otro latino ocupa la cuarta plaza entre los activos, aunque quizás le falte tiempo para lograr la meta: es José Reyes, quisqueyano como Canó y como La Máquina. El campocorto caba de completar los 2.100 y cuenta 35 años de nacido.

Pujols ha dicho públicamente que Cabrera es su slugger predilecto. Lo ha llamado “el más grande bateador derecho que hay en el juego”. Pero el inicialista de los Tigres de Detroit tiene palabras aún más sonoras para quien considera un mentor desde sus tiempos iniciales en la Gran Carpa.

“Él es el mejor, el mejor que he visto en mi vida”, sostuvo el ganador de la Triple Corona en un reportaje sobre ambos que hace varias semanas publicó USA Today. “No hay otro como Albert. Lo he visto durante toda mi carrera. Todos desean ser como él. Es un jugador increíble”.

Clemente se convirtió en el primer toletero oriundo del Caribe hispanoparlante en superar los 3.000 hits, aquel inolvidable 30 de septiembre de 1972, cuando logró el último indiscutible de su carrera, ante Jon Matlack. Casi 46 años después aparece Pujols, el más adelantado de sus herederos.

Muy pronto también acompañará en el Salón de la Fama al inolvidable Cometa de Carolina.

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