Espana Mundial
Álvaro Odriozola celebra su gol a Suiza en Villarreal. /Domenech Castelló/EFE

A España le cuesta arrancar antes del Mundial


MADRID.-Después de un inicio vigoroso contra Suiza, el equipo de Lopetegui se desinfla y firma un empate

Odriozola, la mejor noticia junto a Iniesta, hizo el 1-0, pero un error de De Gea deja todo en tablas

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No son fáciles los primeros amistosos antes de un gran evento. Algunos jugadores llevan tres o cuatro semanas sin competir, otros lo hicieron el sábado pasado, queda la suficiente distancia para el debut como para no preocuparse y, en cambio, las notas se dibujan en la agenda del seleccionador, que las consultará cuando toque jugar contra Portugal. Así las cosas, un equipo como Suiza puede resultar realmente incómodo para un domingo por la noche en el campo del Villarreal, resuelto todo con un empate agridulce. Dulce por la buena versión durante la primera hora de partido y agrio por un último tramo donde los cambios, y el inesperado empate, producto de una desatención de De Gea, dejaron en el ambiente algo parecido al desencanto. [Narración y estadísticas: 1-1]

Del mismo modo que era absurdo vivir en el cielo por el 6-1 contra Argentina, no conviene ceder a esa última, y mala, sensación del partido de este domingo. Quizá sea suficiente con un análisis ponderado de bastantes aspectos buenos (la presión, la circulación de la pelota en algunos tramos, la agresividad), y atender al contexto: faltaban jugadores importantes (Isco, Ramos, Busquets), era la prueba inicial, el rival era más que decente… Porque Suiza es un bloque entusiasta que no rehúye el inicio con la pelota controlada aunque el rival muerda en la presión. De modo que no fue una sesión sencilla. El equipo contra el que debutará Brasil llegó a Villarreal para no traicionarse a sí mismo y obligó a España a activarse mucho antes de lo que parecía querer. La selección, perezosa de inicio, hubo de meterse en el jaleo de partido que le propuso su oponente, vertiginoso, desde el momento en que Shaqiri estuvo a punto de culminar un contragolpe a los 10 minutos.

Ahí despertó España y, agarrada a una versión estupenda de Iniesta, cuya única incógnita es la gasolina que tendrá para un campeonato donde hay que jugar cada tres-cuatro días, tuvo el mando del partido, cogido cuando se aplicó en la presión. Se fue hasta el área suiza para impedir la transición y se vio un ejercicio realmente coordinado, con los delanteros en primer lugar, escoltados por Koke e Iniesta, que se descolgaban sin pudor para tapar líneas de pase.

Los delanteros, por cierto, hay que escribirlo en plural. Lopetegui no ofreció demasiadas pistas ni en la alineación ni en los cambios. A ello le ayudó una gastroenteritis de última hora de Busquets, que se quedó en el hotel y que será titular, por supuesto. También lo será Sergio Ramos, cómo no, y casi con toda seguridad, Isco. Así las cosas, el hecho de iniciar con dos delanteros, Iago Aspas y Diego Costa, pareció más un experimento coyuntural que una opción real para cuando comience lo serio. España, pues, fue bastante reconocible, porque se apropió del balón y fue generando ocasiones. No muy claras, cierto, pero sí las suficiente para ponerse por delante, algo que logró por medio de uno de los grandes protagonistas de estos primeros días.

Álvaro Odriozola es el sustituto natural de Carvajal, que no podrá jugar el primer partido. Así que parece con ventaja para desenvolverse como lateral derecho frente a Portugal. Ocurre que está Cristiano en el otro lado, y eso le concede opciones a Nacho. Porque en el resto, el jugador de la Real Sociedad volvió a enseñarse como un lateral efervescente. Atacó y atacó y atacó, y volvió a atacar, cada vez que tuvo opción, y terminó enganchando una volea preciosa en la frontal del área tras una jugada que él mismo había comenzado.

Ya por delante en el marcador llegaron los mejores minutos de España, especialmente en el inicio de la segunda parte, cuando subió un poco la intensidad y comenzó a ser de verdad muy superior. Sin embargo, entre los cambios, muchos y tempraneros, y el gol del empate, obra de Rodríguez tras un error de David de Gea, pareció que por exceso de confianza, el suflé perdió fuerza y España, que pudo haber marcado el segundo en un mano a mano de Rodrigo y en dos remates de Nacho, estaba tan desnaturalizada que todo parecía atropellado, artificial, sin sentido. Normal a estas alturas, tan tempranas, de la preparación.

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